Sin pedir permiso: el Paternalismo Libertario ya está en nuestra vida cotidiana

Los conceptos de “paternalismo libertario” y “nudge” surgen del trabajo de Richard Thaler y Cass Sunstein contenido en su libro Nudge (2008), y se presentan como una forma legítima de promover cambios en el comportamiento de las personas en pro de su propio interés.

La aplicación práctica de estas ideas significa cambios revolucionarios e imperceptibles en la vida de los seres humanos, mientras el debate respecto a sus implicancias éticas se circunscribe a las élites intelectuales.

Distintos gobiernos ven al paternalismo libertario como una forma barata y efectiva de mejorar el diseño de las políticas públicas. Posiblemente el más célebre ejemplo de esto es el Behavioural Insights Team, conocido también como “Nudge Unit”, creado por el gobierno del Reino Unido (hoy propiedad conjunta de este gobierno, los empleados y una obra de caridad) con el objetivo de incorporar a los nudges y la economía comportamental en general en las políticas públicas. Muchos señalan que el paternalismo libertario es más efectivo que las prohibiciones y tiene la ventaja de poder ser esquivado en caso de que el ciudadano considere que el gobierno se equivoca en la aplicación de sus políticas.

Entre los ejemplos exitosos de la aplicación de promoción de cambios en el comportamiento a través de estas herramientas, se señala que el Departamento de Salud del Gobierno de Irlanda logró reducir las faltas a consultas médicas en un cuarto (Departamento de Salud del Gobierno de Irlanda, 2015), con la adición a los mensajes de texto enviados a los pacientes para recordarles de sus consultas, de un número de teléfono para llamar en caso de querer cancelarlas, y del costo que implicaría para el Sistema Nacional de Salud el faltar a la consulta.

¿Qué es el Paternalismo Libertario?

Sunstein y Thaler, afirman que el Paternalismo Libertario es paternalista en cuanto “es legítimo que los arquitectos de las decisiones traten de influir en la conducta de la gente para hacer su vida más larga, más sana y mejor”. También dicen que es libertario porque “las opciones no se bloquean ni se eliminan, ni se gravan de forma significativa” (Sunstein y Thaler, 2008). Parecería entonces que el paternalismo libertario busca influir en las decisiones de las personas para guiarlas hacia un mayor bienestar, sin eliminar opciones ni alterar de modo alguno su libertad de decisión.

Los conceptos de nudge y paternalismo libertario están estrechamente relacionados. El nudge, que puede traducirse como empujoncito, constituye una aplicación práctica de la filosofía del paternalismo libertario. Sunstein y Thaler lo definen como “cualquier aspecto de la arquitectura de las decisiones que modifica la conducta de las personas de una manera predecible sin prohibir ninguna opción ni cambiar de forma significativa sus incentivos económicos” (Sunstein y Thaler, 2008). Un “empujoncito” que mejore el bienestar del “nudgeado” cumpliría a la perfección los requisitos del paternalismo libertario, ya que no limita la libertad de elección del individuo y lo hace actuar en su mejor interés.

Posiciones en un debate en curso:

Muchos han cuestionado las implicaciones éticas de la “manipulación” de decisiones que es evidente en el Paternalismo Libertario. Se lo ha acusado de ir contra de los ideales democráticos de libertad de decisión, deliberación y debate público (Hansen y Jespersen, 2013). Otros lo han señalado como un modo de coerción enamascarada (Soled, 2018).

Sus defensores dicen que en muchas ocasiones las personas carecen de preferencias claras, estables y bien ordenadas, por lo que hacer más probable que se adopte aquella decisión que maximiza el bienestar del individuo no interfiere con la libertad de elección más de lo que lo haría el no hacer nada. (Sunstein y Thaler, 2003).

En un camino intermedio hay quienes señalan que las preocupaciones éticas que surgen de la aplicación de nudges son válidas, pero no son argumento suficiente para descartar un campo tan prometedor. Soluciones simples como la creación de una autoridad internacional que establezca prácticas prudenciales podrían mitigar en gran medida el riesgo del mal uso de este tipo de instrumentos.

Conclusión:

Sería bueno que la discusión ética sobre los nudge y el paternalismo libertario llegue al nivel de los ciudadanos destinatarios de tales acciones. Todos sentimos que hay cosas grandes que están pasando con nuestras conductas sociales, y tenemos derecho a ser conscientes de las herramientas que se nos aplican. Puntos no menores son los de la legitimidad de la “manipulación”, la libertad de decisión, la coerción enmascarada.

Sin dudas hay en este campo aplicaciones prometedoras que pueden ayudarnos a decidir mejor planificando la arquitectura de decisión de los individuos de modo predecible. Los nudges constituyen un instrumento efectivo y de bajo costo que, aplicado de manera correcta, mejora el bienestar del individual. Sin embargo, faltan muchas preguntas por hacer y contestar si queremos vivir en el entorno de virtud necesario para el manejo de tal potencial de influencia sobre la vida cotidiana de las personas y familias.

Fuentes:

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