La luz de Mons. Roberto Cáceres

El domingo 13 de enero, cerca de la medianoche, a los 97 años, falleció Mons. Roberto Cáceres, Obispo emérito de Melo.

Las redes sociales estallaron de testimonios, mensajes de agradecimiento a Dios y oraciones que hablan por sí mismas. Transcribimos solamente algunas, aunque todas van en similar sentido:

  • Falleció Mons. Cáceres. El Pastor Bueno y querido…Gracias por todo lo que diste al pueblo.
  • Falleció Mons. Roberto Cáceres, un santo entre nosotros. Que descanse en paz.
  • Mi querido Monseñor Cáceres un santo más en el cielo.
  • Oremos agradecidos por su larga vida, por su vocación de servicio, fidelidad al Evangelio, a la Comunidad y a los más descartados de todos los tiempos.
  • (emoticones de corazón) hasta Dios.
  • Un Santo en la tierra, un Santo en el cielo.
  • Tenemos en el Cielo un intercesor y protector!
  • QEPD y que su vida de buen pastor nos anime a todos

Uno de los mensajes que más me impactó fue el de un amigo que puso en su muro del Facebook: no lo esperaba. No nos lo esperábamos. Es que Mons. Cáceres se había convertido en una leyenda viviente, y para quienes lo conocieron es difícil imaginar el mundo sin su presencia física.

Mons. Roberto Cáceres perteneció a la emblemática generación del 45. Decía que su principal motivo de reconocimiento era el haber vivido tantos años, aunque la realidad era que iluminaba y enseñaba con su sola presencia, y aún con sus casuales comentarios llenos de la sabiduría de un hombre sumamente ilustrado y dedicado a los demás.

Recibió múltiples homenajes en vida, y sus relatos fueron recogidos por distintos autores. En el libro del Dr. Tomás Sansón Levadura Fuero y Sal cuenta que al lado de la casa en que nació había un cine mudo del cual, como era muy pequeño, entraba y salía cuando quería. Esa anécdota le marcó su afición por la música, que lo acompañó a lo largo de su vida. Hombre de Radio, tanto en la producción como en la salida al aire. En su juventud encarnó al Padre Vicente en el radioteatro “Diario de un cura de barrio” que fue muy popular en Carve, donde llegó a cantar villancicos y tocar el acordeón. Poseía una voz hermosa que, aún en su sus últimos años, se distinguía de la de los demás Obispos en las grandes procesiones.

El actual Obispo de Melo Mons. Heriberto Bodeant, al comunicar el triste acontecimiento, expresa:

Muchos pensamientos y recuerdos se me cruzan en la mente… ¡cuántos más en quienes lo conocieron y trataron desde su llegada Melo en 1962!

“…que al final de mi vida / quede mi canto despierto / que todo coyuyo muerto / deja una luz encendida” decía Osiris Rodríguez Castillos en una de sus canciones. La luz del coyuyo es una lucecita, pero aún así lo sobrevive. La luz de Mons. Roberto es una gran luz, la luz de una persona luminosa. No una luz de brillo estridente, sino una luz apacible. Alguna vez un hermano Obispo le dijo que estaba “enfermo de optimismo”. Yo creo que Monseñor no era un optimista, sino algo mucho más profundo: fue un hombre de esperanza. Que la luz de esa esperanza que él supo comunicar y sostener “en el nombre del Señor” –su lema episcopal– siga iluminando el camino de todo el Pueblo de Dios que peregrina en Cerro Largo y Treinta y Tres.

Desde Sentido Común compartimos la gratificante combinación profundo agradecimiento a Dios por la vida del Mons. Rodolfo Cáceres, y sincero pesar por su partida a la Casa del Padre. Que descanse en Paz y que sus obras sigan iluminando estas tierras, tan necesitadas de testimonios de vida como el suyo.