Resultados colaterales del cannabis

A menos de dos años desde que en nuestro país comenzó a venderse marihuana recreativa en farmacias, Uruguay está empezando a percibir los resultados de la nueva legislación en materia de cannabis, en un entorno donde, desde distintos países, comienza a cuestionarse lo acertado de normativas similares. En este artículo recopilamos información útil para interpretar los emergentes de una experiencia que está impactando en las futuras generaciones.

El Informe Sobre el Consumo de Drogas en las Américas 2019 alerta acera de la necesidad de prestar atención prioritaria a la precepción del riesgo y al consumo temprano, a la vez querecomienda el seguimiento de un indicador determinante: la frecuencia e intensidad del consumo de marihuana, así como el contenido de THC en el producto que se distribuye. En el informe 7 señales de riesgos sobre la Marihuana en Canadá, Sentido Común analizó que existen diferencias importantes respecto de las señales de riesgo que recibe la población en Canadá y en Uruguay frente a la liberalización de esta substancia. Si bien en forma reciente las autoridades uruguayas han mostrado estar preocupadas por esta percepción de riesgo, y están realizando campañas al respecto, la eficacia de las mismas deberá ser evaluada oportunamente.

En cuando al estado de situación actual en Uruguay, el último informe de Monitorcannabis indica que a partir del 2014 el consumo de marihuana continuó el crecimiento en los segmentos tradicionales, y además se expandió con fuerza en nuevos grupos, entre los que se destacan las mujeres, que pasaron a consumir el doble.

Esto ya de por sí podría considerarse alarmante. Pero surgen además otras señales del nuevo entorno normativo que tienen que ver con la vida de las familias y personas afectadas. Un artículo publicado por el diario El País el 13 de enero habla de niños uruguayos que llegan intoxicados a las emergencias de los hospitales, a razón de uno por mes por marihuana, y tres al año por cocaína. El periodista narra el caso de una niña sana de ocho años, que un día no podía caminar, no sabía dónde estaba y sus músculos tenían poca fuerza, cuyo análisis de orina dio positivo a marihuana. Las investigaciones encontraron que la intoxicación la había provocado una torta de chocolate con “cogollos” (flores de cannabis) cocinada por su hermano mayor. Debió ser internada en la unidad de cuidados moderados del hospital durante varios días, hasta que fue posible desalojar los restos de cannabis de su cuerpo.

Otros casos del mismo informe:

  • Un bebé de 14 meses llegó a la emergencia pálido, con la mirada fija, lento, en ocasiones desconectado con el medio, y con llanto intermitente. El motivo de su mal era que habitualmente, el niño colocaba en su boca las colillas de cigarros de tabaco fumados por los adultos y que su padre era consumidor diario de marihuana.
  • Un niño de dos años tenía una patológica tendencia al sueño. El origen del problema estaba en que su padre y su tío fumaban cannabis en el patio y dejaban los restos en los ceniceros. Una primita suya de cuatro años, también dio positivo en un análisis de orina en el que los médicos buscaban marihuana.
  • Una bebé de nueve meses fue a la emergencia con síntomas de sueño y decaimiento. La causa de la patología se encontró en que comió unas colillas de cannabis tirada en el jardín de su casa.

Según el referido informe del diario El País, si bien las intoxicaciones por drogas de abuso no son tan frecuentes como las de medicamentos, los médicos plantean una preocupación en la investigación: la legalización del cannabis en Uruguay aumentó la disponibilidad en los hogares, con el consiguiente riesgo aumentado de exposiciones no intencionales en lactantes y niños. En otras palabras, la despenalización de la marihuana podría determinar un incremento en las intoxicaciones pediátricas.

Si observamos las publicaciones a nivel internacional, están surgiendo reacciones y análisis críticos frente a las tendencias a la liberalización. En tal sentido, la publicación digital argentina Infobae, en un artículo titulado ¿Es la marihuana una sustancia tan segura como se cree? remite a su vez a un informe de The New Yorker el cual, entre otras fuentes, cita un panel de 16 expertos de la Academia Nacional de Medicina publicado en enero de 2017. El mencionado informe expresa lo siguiente: Es probable que el consumo de cannabis aumente el riesgo de desarrollar esquizofrenia y otras psicosis; a mayor consumo, mayor riesgo.  

El artículo de The New Yorker recomienda la lectura del libro escrito por el ex periodista de The New York Times Alex Berenson, titulado: Cuéntale a tus hijos: la verdad sobre la marihuana, la enfermedad mental y la violencia. En sus páginas, Berenson comenta cómo le llamó la atención que su esposa, psiquiatra especializada en delincuentes con enfermedades mentales, le dijera que todos sus pacientes tenían un denominador común: la marihuana. Ante el argumento que habitualmente esgrime al respecto el lobby de la marihuana, de que: fumar hierba es una respuesta a la enfermedad mental, no la causa: que la gente con problemas psiquiátricos usa la marihuana para automedicarse, el periodista aclara que: Eso es una verdad a medias. En algunos casos, el consumo excesivo de cannabis parece provocar la enfermedad mental.

El libro de Berenson aporta también comentarios de un psiquiatra especializado en neurofarmacología y el tratamiento de la esquizofrenia, quien atribuye a la casi duplicación del consumo de marihuana en las últimas dos décadas, el hecho de que a su consultorio comenzaran a llegar pacientes mayores, profesionales de clase media, afectados por estas patologías.

Berenson se planteó la relación entre la violencia asociada a los delirios y la paranoia que acompañan las psicosis, con el consumo de marihuana. ¿Habría que esperar que a un mayor consumo de marihuana le correspondiera un aumento en la cantidad de delitos violentos? The New Yorker reseñó al respecto: De nuevo, no hay una respuesta tajante, así que Berenson unió fragmentos de pruebas (…) Aquellos que consumían sólo marihuana tenían una inclinación a ser físicamente violentos 3 veces mayor a la de los abstemios; aquellos que consumían sólo alcohol, 2,7 veces. Berenson revistó también estadísticas del estado de Washington, el primero que legalizó el consumo recreativo de marihuana en los Estados Unidos, en 2014. Los resultados son reveladores: Entre 2013 y 2017 las tasas de homicidio y de agresión violenta agravada aumentaron 40%: el doble del aumento del homicidio a nivel nacional y cuatro veces el aumento de la agresión violenta agravada.  

Estas tasas de delito tienen coincidencias con los datos de Uruguay, donde según un informe de FUNDAPRO, el ratio de homicidios alcanzó en 2018 un récord de 11.2 asesinatos cada 100.000 habitantes, lo cual implica un aumento del 35%, y profundiza la tendencia creciente respecto del año anterior. Este aumento de la violencia y de los homicidios era una consecuencia “esperable” del proceso de legalización de la marihuana para el Ministerio del Interior del Uruguay, según declaraciones del asesor en seguridad de dicha secretaría de Estado, Ricardo Fraiman de julio del año pasado, publicadas por el semanario Búsqueda. Tales declaraciones se dieron en el marco de una presentación realizada por el investigador de la Universidad ORT Marcos Baudean, integrante del Monitorcannabis. Este último señaló que: el aumento del conflicto criminal se da a causa de la interacción entre cambios en el mercado de drogas y sus actores, y la política de represión del narcotráfico que se ha seguido en Uruguay.

En este estado de situación, el nuevo ministro de Ciudadanía de Brasil Osmar Terra, encargado de la política de drogas del gobierno de Jair Bolsonaro, ante el aumento de los homicidios en Uruguay, escribió un mensaje que enfureció a algunos y fue compartido por otros, cuando afirmó que el nuevo récord de muertes violentas en Uruguay es fruto de la liberación de la marihuana.

Por lo pronto, a medida que transcurre el experimento cannabis en Uruguay, crece la necesidad de poner el foco en el impacto en la vida de las familias y personas que, pretendiendo llenar un vacío con este producto del que se sabe demasiado poco, pueden estar abriendo las puertas a un nuevo mundo de enfermedad y violencia.

Fuentes:

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