The Good Wife: la dictadura de las tentaciones

“La esposa ejemplar” (“The Good Wife” en su título original), es un drama político- legal estadounidense famoso por su elenco multiestelar y sus alusiones a la vida real. Comenzó a emitirse en formato de serie en el año 2009, y alcanzó el rango nada menor de siete temporadas. En nuestro país lo pasa el canal abierto del Estado (Televisión Nacional Uruguaya), pero como ocurre en estos días gracias al streaming, también contamos con la posibilidad de descubrirla de cero a través de Netflix, y gestionar el ritmo al cual queremos convertirnos en sus espectadores.

Alicia Florrick (Julianna Margulies) es una madre y esposa que debe hacerse cargo de de su familia cuando su marido, Peter Florrick, (Chris Noth), un importante político, es destituido y encarcelado, acusado de corrupción, mientras que en la prensa y las redes sociales se difunden videos que documentan sus relaciones con prostitutas.

Al inicio de la historia, Alicia Florrick continúa apoyando públicamente a su esposo aunque no le ha perdonado sus infidelidades. Forzada por las circunstancias abandona el vecindario lujoso donde residían, y pasa a retomar el ejercicio de la profesión de abogada en uno de los más prestigiosos y poderosos estudios jurídicos de la ciudad, dirigido por Will Gardner (Josh Charles), antiguo compañero universitario con quien tiene una “historia” inconclusa, y Diane Lockhart (Christine Baranski). Son muchos los personajes interesantes cuya enumeración es imposible agotar. Por razones que luego vendrán al caso, mencionaremos a Grace (Makenzie Vega) la hija de los Florrick, de simbólico nombre: traducido al español, “Gracia”.

¿Qué puede decirse de la serie como producto comunicacional? Está muy bien escrita, y presenta un planteo inteligente. El desarrollo de los personajes es brillante. Genera una conexión empática con el público, que se preocupa, se indigna, se alivia, se compadece, se anticipa, se intriga, se involucra con todas y cada una de las cosas que hacen o les suceden.

Hay todo un proceso de seducción en marcha a medida que se va construyendo la historia, centrado en las sucesivas crisis que enfrenta y navega la heroína. Margulies, la actriz, por encima del personaje, es para algunos críticos el diamante que brilla en el centro: un arquetipo universal, elegante pero con los pies en la tierra, moderna y a la vez intemporal. Ahora bien: en un segundo nivel de análisis, ¿es posible ver algo más dentro del cuadro que nos presentan? La acción es vertiginosa, como bien decíamos, y ello, además de entretener, hace que el espectador demore en darse cuenta de “por dónde va la cosa”.

En su discurso a la Curia Romana en la Navidad de 2010, Benedicto XVI recordó que “Alexis de Tacqueville, en su tiempo, observó que  en América la democracia fue posible y había funcionado porque, más allá de las denominaciones particulares, existía un consenso moral de base que unía a todos.” Y con su característica claridad intelectual, continuó: “Sólo si existe un consenso semejante sobre lo esencial, las constituciones y el derecho pueden funcionar”.

“The Good Wife” retrata hasta en sus mínimos detalles un estado del consenso social ético, que no es cualquiera. Por su condición de producto comunicacional de gran público, tiene además un poder didáctico impresionante. Comencemos por el principio: el título es en sí mismo una ironía. Alicia dista muchísimo del modelo de “esposa ejemplar”, y también del de abogada ejemplar, en procura del ideal de justicia. Aquí, los personajes se rigen por normas que son simplemente una restricción estirable  en función de hasta dónde es posible llegar. Alicia, Diane y Will hacen en más de una ocasión mención expresa a ello, al justificar la aplicación de la norma por encima de la justicia para obtener lo mejor para su cliente. Y en esa dinámica, llegamos a episodios donde los abogados de cada una de las partes pasan, según sus conveniencias, a alegar los argumentos jurídicos que al principio rebatían en sus oponentes, sin ningún tipo de prurito o justificación.

Alicia mujer, o Diane mujer, o cualquiera de los personajes enfocados como seres humanos, tampoco escapan a esta dictadura de las tentaciones, ni encuentran un camino de felicidad. No hay un solo personaje que sea feliz en la serie. Los hay glamorosos, los hay exitosos, pero no felices. Aquellos que se nos presentan con pretensión de mayor “autenticidad” en sus acciones, la madre y el hermano de la esposa ejemplar, proclaman el credo políticamente correcto de “seguí tu corazón”, el cual en realidad equivale a “seguí tus deseos”. Dejemos al espectador transitar con Alicia por sus vericuetos morales y sentimentales: se va a divertir en un proceso donde encontrará una característica que comparte con muchos compañeros en la ficción y también con muchas personas reales que nos cruzamos en el día a día. Son, gráficamente, aquellos “con patente de buenos”. Los que cumplen con lo “estéticamente” correcto. Los en teoría “incapaces de actuar mal”. Los que proceden con “autenticidad”, y por lo tanto no les tiembla el pulso.

Volvamos a las palabras de Benedicto XVI. Lo bueno es que, siempre dentro del consenso social ético de lo “auténtico”, la serie no deja de plantear este dilema. Así, cuando llega el momento en que Will, enfrentado a Alicia, verbaliza su conclusión acerca de ella, muchos espectadores coincidimos: sí, Alicia ha actuado de una manera “horrible”, y lo peor es que ni siquiera se da cuenta de que es “horrible”, por lo tanto no siente la necesidad de retroceder o arrepentirse. La misma Alicia que por varias temporadas se llevó nuestra simpatía y comprensión.

Otro ángulo a tener en cuenta en el análisis es la forma en que la serie presenta el tema de la fe. Hay referencias al mensaje cristiano desde varios ángulos. Aparece cuando, con intenciones no del todo desinteresadas en cuanto a fines políticos, en la primera temporada Peter procura el asesoramiento espiritual de un pastor y reza con él; o bien cuando vemos el lema “In God We Trust” (“En Dios confiamos”) presidiendo el estrado de cada juez.

Alicia, autoconfesa atea, y su suegra, tendrán disputas acerca del camino espiritual de Peter. Pero al mismo tiempo, la hija de ambos, Grace (“Gracia”) y su acercamiento a la fe será el otro frente espiritual que afectará y desorientará a la esposa ejemplar.

En definitiva, estamos ante una producción de singular calidad, muy entretenida, que arroja luz sobre los efectos trágicos de un consenso ético mayoritario fundado en la racionalidad finalista, y una vez más nos muestra cómo el abordaje de la fe no puede soslayarse por completo en ningún producto cultural de occidente. Para mirarla, con una visión crítica.

Laura Álvarez Goyoaga

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