Apple, Facebook y nuestro derecho a la privacidad

Está recorriendo el mundo la noticia sobre un conflicto de proporciones entre Facebook y Apple, dos empresas globales con servicios interrelacionados que acompañan la vida diaria de millones de clientes en todo el mundo. El mismo tuvo un punto visible el 30 de enero de 2019.

“Facebook ha estado dos años jugando con fuego en secreto, y Facebook se ha quemado”. Con esa frase inicia su informe Álex Barredo para La Vanguardia. Mientras tanto, INFOBAE nos habla del antecedente de una “guerra fría” que se hizo pública en 2018 con declaraciones cruzadas de sus respectivos CEOs, Tim Cook de Apple y Mark Zuckerberg de Facebook. Cook castiga públicamente los problemas de privacidad de Facebook, mientras que Zuckerberg acusa a iPhone de dar la espalda a los pobres del mundo.

Según dijo a NBC Scott Galloway, profesor de marketing de la Universidad de Nueva York (NYU) y autor de The Four, un libro sobre la preponderancia de Apple, Facebook, Amazon y Google, en el fondo del problema está la relación personal entre los principales de ambas empresas: “en el corazón del asunto está el ego”. Y parece ser que una vez más, el “ego” de dos hombres poderosos puede afectar a muchas personas que nada tienen que ver.

También los analistas identifican un tema de filosofía empresarial involucrado en el conflicto. Por un lado estarían las empresas que obtienen ganancia a partir del uso de los datos de las personas, en cuyo grupo está Facebook, y por otro, aquellas que como Apple entienden que no es lícito brindar servicios que vulneran la privacidad del usuario.

Según ha trascendido, el foco de conflicto tiene su origen en el año 2016 cuando la empresa de Mark Zuckerberg comenzó con una investigación con usuarios que, a cambio de cobrar 20 dólares por mes, permitieron a Facebook instalarles en sus dispositivos una aplicación tipo “Gran Hermano”. De esta manera, la empresa puede conocer y estudiar al instante todo lo que estos usuarios hacen con internet, sin limitación de privacidad alguna: los sitios que entran, los mensajes que intercambian, las aplicaciones que usan. El grupo de estudio comprendía una cantidad no determinada de usuarios entre 13 y 35 años, y por lo tanto incluía a menores que necesitaban el consentimiento de sus padres.

Discutible o no la utilización de estudios de este tipo, Facebook parece haber contado para el suyo con consentimiento de los usuarios a cambio de un pago. Sin embargo, omitió acordar con Apple el procedimiento técnico que efectivamente usó para proceder a la instalación de las aplicaciones espías en los dispositivos correspondientes. Es más, aplicó tecnología prohibida por dicha empresa.

Frente al hecho de que el programa de investigación se había vuelto público, y en medio de una polémica desatada entre los técnicos por los aspectos de privacidad y seguridad, Facebook argumentó que no se trataba de un programa secreto, no obstante lo cual decidió discontinuarlo.

Pero esta medida no colmó las expectativas de Apple, quien, según informa INFOBAE “quitó a Facebook el certificado de desarrollador (por lo cual no puede distribuir aplicaciones en iOS sin pasar por el examen de la tienda) y cortó el acceso de los empleados de la plataforma a apps corporativas (como versiones de prueba de Facebook e Instagram)”.  

La Vanguardia describe el caos interno que causó en el funcionamiento de Facebook esta decisión de Apple: sus funcionarios no podían usar las aplicaciones que venían utilizando para su trabajo diario.  En relación con los clientes, los analistas estiman que el conflicto podría llegar a afectar las performances de las aplicaciones para algunos productos que corren en iOS, pero no hay perspectivas de que se pueda eliminar el acceso a las aplicaciones públicas de Facebook.

Estamos ante un claro ejemplo de cadenas de valor interrelacionadas, tanto en la producción de los servicios, como en el servicio que utiliza el cliente. Una necesita de la otra, ambas son poderosas, y sus conflictos pueden afectar a terceros.

La medida restrictiva fue comunicada por la empresa de Cook en los siguientes términos: “Diseñamos nuestro Programa Desarrollador para Empresas sólo a fin de la distribución interna de apps en una organización. Facebook ha estado utilizando su membresía para distribuir a los consumidores una app que recoge datos, lo cual es una clara ruptura de su acuerdo con Apple”.  

Analiza La Vanguardia que este choque de trenes debería estar siendo vigilado muy de cerca por las autoridades reguladoras de todo el mundo. Imaginemos lo que sucedería si de un día para otro los usuarios de Apple no pueden utilizar Facebook, WhatsApp e Instagram. “Apple no puede —ni debe— ser la policía de la privacidad, y es un precedente muy peligroso que tenga que ser una compañía privada la que decide hasta dónde pueden hacer o deshacer otras empresas”.

Seguramente el conflicto entre las empresas tendrá solución, y según informan hay negociaciones en camino. Sin embargo, el hecho llama a la reflexión sobre todo un conjunto de nuevos “servicios públicos” de carácter global, cuyo impacto trasciende la mera prestación comercial.

Detrás de lo notorio del desacuerdo comercial de dos empresas, esta noticia pone sobre la mesa temas que nos afectan a todos y cada uno de nosotros, utilicemos o no los productos y servicios de Apple y Facebook. Surgen interrogantes sobre la ética, más allá del derecho, en la venta de la privacidad al grado extremo mostrado en este caso. Porque, es claro que Facebook no está interesado en conocer solamente lo que hace o piensa quien vendió su privacidad por 20 dólares. Su interés es indirectamente conocer la intimidad de todos nosotros, los millones de usuarios que no dimos ningún consentimiento para la investigación. Parece claro que una información tan sensible, en caso de que fuera legítimo poseerla, debería ser manejada con los más altos parámetros éticos.

Es bueno que estos temas salgan a la luz, se discutan, y la sociedad global aprenda a manejar un nuevo mundo de relaciones, que como todas las que existen desde que el hombre es hombre, necesitan impregnarse de virtud, para evitar que todos seamos manipulados por egos o intereses personales o empresariales.

Fuentes: