Sí a la vida: La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron (Juan 1:5)

Este es probablemente el artículo más largo y más complejo que he escrito hasta ahora. Largo, porque requiere procesar muchísima información. Complejo, porque exige reflexionar acerca de oscuros y penosos vericuetos de profunda deshumanización; y al mismo tiempo reconocer prístinos destellos de luz en la oscuridad.

Vayamos al primero de los hechos: en forma reciente recorrió el mundo la noticia de que en el estado de Nueva York, la nueva legislación aprobada permite el aborto hasta el día mismo del parto. La publicación Mundo Cristiano comentó la noticia, de por sí perturbadora, agregando detalles y declaraciones de involucrados que a ojos vista resultan incompatibles con los avances de la ciencia, el estado del conocimiento, pero hasta con la condición de humanidad y la simple lógica. Por supuesto, el apoyo a la norma no es unánime, y la nueva ley, que se etiqueta como tantas con el nombre trasnacional de Ley de Salud Reproductiva, fue condenada desde distintos foros. ¿Cuáles son las razones del rechazo en este caso en particular, más allá de la existencia de vida desde el momento de la concepción? Que aquí estamos hablando de bebés viables, perfectamente capaces de sobrevivir fuera del útero materno. Y si bien este argumento no tiene menos peso que el anterior, sí tiene el mérito de que tira por tierra uno de los tradicionalmente esgrimidos por los promotores del aborto libre: el que sostiene que el niño abortado es un conjunto de células, inviable fuera del cuerpo de su madre. Muchos sintieron que, con el  pretexto de proteger la salud de las mujeres, este caso del aborto tardío saltó un límite, dio un salvaje paso fuera de toda racionalidad. Dado este paso, ¿qué tan lejos estamos de aprobar que se detenga el corazón de niños ya nacidos? Veremos que no tanto.

A la movida en Nueva York, conforme Mundo Cristiano, siguen “nuevas batallas sobre el acceso al aborto [que] ya están en marcha en todo el país, y los estados están adoptando leyes en ambos lados del problema”. Así sucede con los legisladores de Maryland y Massachusetts. En la contracara, y aquí hay una luz, legisladores de Ohio, Kentucky, Misuri, Carolina del Sur y Florida, han propuesto “proyectos de ley de latidos”, que prohibirían el aborto de detectarse un latido fetal. En función de que la tecnología permite con facilidad realizar la cuenta de los latidos del corazón del niño, hay firmes esperanzas de que  la constatación sirva para detener este infanticidio legal, e incluso “desafiar la decisión de la Corte Suprema en Roe v. Wade y restaurar el derecho a la vida del niño antes del nacimiento”, según declaraciones incluidas en la nota.

La nueva normativa de Nueva York no responde a un intento aislado. Como informa la publicación BLes.com, también en el Estado de Virginia se intentó promover una liegislación similar por parte de la bancada Demócrata, que los Republicanos bloquearon. Kathy Tran fue quien impulsó el polémico proyecto que, entre otras cosas, proponía eliminar el requisito de que otros dos médicos certificaran la necesidad del aborto por riesgo de vida de la madre, o deterioro de su salud mental o física. Tran fue más lejos en sus afirmaciones, añadiendo que incluso iniciado el trabajo de parto, cortar la vida del bebé “…sería… una decisión que el médico y la mujer tomarían en ese momento”.

Unored, por su parte, agrega a esta información que la ley proponía eliminar el requisito de que los abortos durante el segundo trimestre se realicen en un hospital con licencia estatal, un detalle que, debería saltar a la vista, deja de lado el argumento de proteger la salud de las mujeres. Contrariamente a su intención, no ayudaron a zanjar la controversia a favor del proyecto las polémicas declaraciones del gobernador de Virginia, el demócrata Ralph Northam, médico pediatra, realizadas en la radio WTOP: “Cuando hablamos de abortos en el tercer trimestre (…) si una madre está en trabajo de parto (…) el infante se mantendría cómodo. El infante se resucitaría si eso es lo que deseaban la madre y la familia, y luego se produciría una discusión entre los médicos y la madre”. Ellas provocaron una visceral reacción inmediata de los defensores de la vida del niño. La presidenta del Comité Nacional Republicano Ronna McDaniel declaró: “El Gobernador Demócrata Ralph Northam, un pediatra, está defendiendo los abortos de vida”. “Esto es simplemente el mal puro”, escribió el comentarista Ben Shapiro. Tanto es así que la directora de comunicaciones de Northam debió emitir un comunicado para aclarar los comentarios del gobernador que a cualquiera podría recordarle el dicho popular “no aclares que oscurece”: “Los republicanos en Virginia y en todo el país están tratando de jugar a la política con la salud de las mujeres, y esa es exactamente la razón por la que estas decisiones pertenecen a una mujer y su médico, no a los legisladores, la mayoría de los cuales son hombres”.

La misma nota de Unored menciona que “según la encuesta de Gallup de mayo de 2018, la mayoría de los estadounidenses (60 por ciento) cree que el aborto debería ser legal en los primeros tres meses de embarazo, pero esa cifra se reduce a solo 13 por ciento para los abortos durante el tercer trimestre”. Sería lícito preguntarse si cuando la legalización comenzó a discutirse estas cifras eran las mismas, o si el aumento del apoyo al aborto en las primeras 12 semanas no obedece a la “normalización” de una conducta promovida por legislaciones que la visibilizan como buena por ser legal, y por la masiva propaganda a favor del autoproclamado “derecho al aborto” como tal en forma transversal para todo occidente, con la consecuente insensibilización progresiva. ¿Qué tan lejos estamos de que propuestas como estas lleguen al parlamento uruguayo?

Diversas notas de Unored aportan más información sobre este tema, como que “Los registros públicos revelan que el gobernador de Virginia, Ralph Northam, quien apoyó el infanticidio como una forma de aborto el miércoles, recibió casi $ 2 millones en contribuciones de campaña de parte de Planned Parenthood”. O que la representante de Virginia Dawn Adams, después de copatrocinar el proyecto de ley de aborto extremo envió una carta a sus electores disculpándose por su error, y explicando que ella no lo había leído: “Lamento no haber ejercido la diligencia debida antes de esta explosión de atención” afirmó.

Daily Wire TV detalla declaraciones significativas con respecto a este proyecto de los Senadores Ben Sasse (“Hace apenas unos pocos años el lobby abortista era muy claro al afirmar que aspiraba a que el aborto fuera… seguro, legal y excepcional. Ahora estamos hablando de mantener al bebé confortable mientras los doctores debaten acerca de su infanticidio. O estamos a favor de los bebés, o estamos defendiendo el infanticidio”); Joni Ernst (“No hay nada moral o inclusive humano sobre la discusión que tenemos delante hoy. Durante la última semana, hemos sido testigos de la desagradable verdad sobre las intenciones de la industria del aborto y su creciente y radical agenda política… La racionalidad, la decencia y la compasíon humana básica se han quedado en el camino”); y Mitch McConnell (“estos bebés recién nacidos tienen derechos que deben ser respetados”).

Ahondando sobre el tema, Noticias Cristianas informa que “Antes de que los legisladores de Nueva York votaran el martes pasado -22 de enero-  para eliminar los límites gestacionales del aborto, siete estados y Washington, D.C. ya tenían leyes que permitían los abortos en el tercer trimestre”. Ellos son Alaska, Colorado, New Hampshire, New Jersey, New Mexico, Oregon y Vermont, junto con Washington, D.C. Agrega además que “El proyecto de ley sobre el aborto se convirtió en ley por el gobernador demócrata de Nueva York, Andrew Cuomo, la semana pasada, no solo permite el aborto en cualquier momento para proteger la ‘salud del paciente’, sino que también dice: ‘Un aborto puede ser realizado por un licenciado, certificado o autorizado’ (…) Esto permite a los profesionales de la salud que no son médicos realizar abortos”, con la consiguiente consecuencia, denunciada por el defensor de la vida Troy Newman, de que, al requerir capacitación profesional e implicar un riesgo mayor para la madre, “Si los no médicos no calificados intentan realizar abortos en el tercer trimestre, no hay duda de que incluso más mujeres morirán”.

Catholic Link aporta a la reflexión sobre este tema en un artículo de Silvana Ramos, titulado “El aborto, la pérdida de la humanidad y un llamado urgente a volver a Dios”. A partir de un post del Arzobispo Robert Barron, sostiene: “La puerta que se abre, cuando rompes algo tan íntimo y sagrado como la vida de un inocente, conduce inevitablemente (…) al caos y a la decadencia del ser humano. Un ser humano que, ideologizado, cree que ha conquistado un derecho, cuando en realidad ha conquistado su propia ruina. Y no solo se trata de esos seres humanos, allá lejos, en New York (…)  No solo son ellos (y yo no) los que caen en decadencia. ¡Caemos todos! (…) Se trata de la ruptura intencional de lo humano. Una ruptura que trae consecuencias para todos, que abre puertas a lo inimaginable. Si es legal descuartizar a tu hijo… ¿por qué indignarme con las demás injusticias?”. La autora hace un llamado al compromiso “desde lo profundo personal, hasta la acción conjunta como sociedad. Pero sobre todo tratar de volver a lo relacional. A la relación que nos une unos a otros, a la relación primera de la que renegamos pero que fue amorosamente reconciliada. Hoy se hace urgente volver a la relación con Dios”.

Lo grave es que esto no comienza ni acaba en el problema de la nueva ley de Nueva York, y no solo porque la misma había sido precedida, aunque la opinión pública no hubiera estado al tanto de ello, por muchas otras en más estados. En estos días, también nos conmovió el caso de la niña argentina, prostituida por su propia madre y embarazada, cuya hija Esperanza falleció a raíz de la cesárea prematura de alto riesgo que se le practicó en base a una decisión cuestionable, a los seis meses de gestación. El Diario El Tribuno da amplia información acerca de él. A los efectos de este artículo, solo interesa destacar las incongruentes declaraciones del ministro de Salud Gustavo Bouhid, cuando indicó que el protocolo se aplicó en un marco donde  “la Provincia viene realizando acciones y cambios estructurales para disminuir la mortalidad infantil”. No obstante lo cual, no se consideró la alternativa de aguardar unas semanas más de gestación para que la niña recién nacida mejorara sus expectativas de vida. Los hechos hablan por sí solos, en forma contundente, más que cualquier indicador estadístico.

La publicación Religión en Libertad plantea ocho preguntas que denuncian la evidente irracionalidad de los argumentos a favor del aborto, partiendo del más elemental:   cuando se postula el derecho de la mujer sobre el propio cuerpo, se olvida que se lo están negando a las niñas que son abortadas. Vale la pena remitirse a ese artículo.

Desde filas de The Catholic Thing, Filip Mazurczak ha postulado la necesidad de predicar sobre este tema a los “no convertidos”. En el marco de la nueva legislación irlandesa sobre el tema, y durante el debate de la argentina, sostiene: “Para emerger victoriosos a largo plazo, necesitamos crear un consenso social de que los no nacidos merecen el derecho a vivir, un consenso que trascienda las divisiones políticas y religiosas (…) necesitamos llegar a todas las personas de buena voluntad (…) Las personas intelectualmente honestas, que adhieren al consejo socrático de seguir la evidencia a donde quiera que esta nos lleve, se sentirán impulsadas por la lógica irresistible de que el niño no nacido es humano y como tal merece protección legal, sin importar en qué lado del espectro político estén, ni en qué Dios o dioses crean”.

En la misma publicación, Michael Pakaluk relata cómo, a partir de sus clases, constata en forma continua que la mayoría de los estudiantes están desinformados en la materia, al punto que es unánime su convicción de que el aborto solo se permite en las primeras 12 semanas del embarazo. Agrega luego que, cuando desmiente esa convicción y les muestra imágenes de abortos en estadios avanzados de la gestación, la reacción también unánime es “¿Cómo puede esto ser legal?”. El autor, más adelante, señala cómo el concepto de “legal” se distorsiona a partir de legislar en función de la retórica pro aborto: pasan a adquirir el rango de “legal”, con las connotaciones implícitas, logros obtenidos en base al uso del poder para proteger determinados intereses.

En relación a la reciente legislación aprobada en Nueva York, analiza un sesgo que deja entrever posibilidades de apelar al sentido común: la tradición de quienes militaron históricamente a favor del aborto ha oscilado entre una aproximación compungida hacia la propia debilidad (“nadie lo desea”, “es una lamentable necesidad”), y una demostración descarada de fuerza (“cada mujer que se hace un aborto sabe que implica matar, pero a veces es necesario matar”). Ambas han coexistido a lo largo de los años, a juicio de Pakaluk, de una manera un poco incómoda. La legislación de Nueva York definitivamente inclina la balanza a favor de la segunda postura. Si bien como vimos no fue la primera en permitir abortos de embarazos avanzados, adquirió notoriedad donde sus predecesoras habían pasado desapercibidas. Y lo que de por sí constituye una tragedia, por esa circunstancia no deja de abrir un resquicio a la esperanza: la toma de consciencia horrorizada por parte de muchos, que recién en función de ella se plantean lo deshumanizante de la práctica en toda su terrible realidad. Visto tal análisis desde estas latitudes rioplatenses, donde la agenda pro aborto no ha conseguido instalar aún como hegemónica la postura radical, la luz de esperanza brilla con fuerza, alentada por conquistas claras, como la no aprobación de la despenalización en Argentina, y una militancia coherente, convencida y valiente de defensores de la vida, de todas las edades. Resulta impresionante y alentadora la participación comprometida en estas filas de muchísimos jóvenes, con fuerte presencia en las redes sociales.

Una última cuestión importante a plantear: ¿qué está pasando en el campo cultural con respecto a este tema? Parece evidente que las voces en favor de la defensa de la vida comienzan a hacerse oír. Dos películas significativas, separadas entre sí por pocos meses, llegaron a la gran pantalla en los últimos tiempos.

La primera es Gosnell: El jucio del mayor asesino serial de América, un film reseñado ya por Sentido Común (https://sentidocomun.blog/2018/11/17/gossnel-la-pelicula-que-nos-censuran-medico-abortista-asesino-serial/), que se estrenó en USA en octubre de 2018, basado en hechos reales, sobre un médico abortista de Philadelphia, quien inducía el parto de niños viables en el tercer trimestre del embarazo, y los mataba luego cortándoles la columna vertebral con tijeras. Kermit Gosnell, hoy condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad anticipada, era un médico respetado, considerado un pilar de la comunidad, y un “abogado de la salud reproductiva de la mujer”, garante del “derecho a elegir” y de la interrupción del embarazo en condiciones “seguras”. Dirigió una clínica insalubre donde acabó con la vida de entre cientos y miles de niños, y varias de sus madres, y pudo hacerlo impunemente a lo largo de 30 años, a vista y paciencia de las autoridades de la salud que debían controlarlo.

La segunda, de inminente estreno, es Unplanned, un biopic basado en la historia real de Abby Johnson, una de las directoras más jóvenes y reconocida portavoz de Planned Parenthood, que estuvo involucrada en alrededor de 22,000 abortos, quien dirigió durante ocho años un abortorio en Bryan (Texas). Un día de otoño de 2009, vivió una experiencia que cambiaría profundamente su vida: vio las imágenes de la ecografía de uno de los niños desde unos segundos antes de que el procedimiento abortivo lo matara, y a partir de entonces se convirtió en ferviente denunciante de la brutalidad del aborto, así como defensora de la humanidad del niño desde la concepción. Un plus inesperado de la película: Ashley Bratcher, la actriz que interpreta en ella el papel de Abby, según relató en una entrevista, al comenzar la filmación, recibió una llamada inesperada de su madre: “Tengo que decirte algo que nunca te he dicho antes. Iba a abortarte. Estaba en la clínica, sentada sobre la mesa, cuando la enfermera, que estaba muy embarazada, vino y empezó a hablarme. Me sentí enferma. No podía hacerlo. Me levanté y me fui”. Impactada, Ashley llamó a su padre, quien le confirmó que el relato era verdadero. “Que tú estés ahí haciendo esa película”, afirmó su padre, “me demuestra que Dios es real y que tiene un plan para tu vida”.

Le pasó a Gosnell, y seguramente le ocurrirá también a Unplanned, que encontrarán dificultades de distribución y difusión. Es probable que ninguna de las dos llegue a exhibirse en las salas de estreno de Uruguay. No importa. El simple hecho de que existan, y de que su existencia se haya difundido, es un rayo de luz en las tinieblas.

Laura Álvarez Goyoaga

Fuentes:

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