¿Quo vadis Hollywood?

Reflexiones sobre los PREMIOS OSCAR 2019

La 91ª edición de los Oscar tendrá lugar el 24 de febrero de 2019.
Igual que en años anteriores, los premios de la Academia de
Hollywood tendrán un valor simbólico importante a la hora de
confirmar o redirigir la atención del público. En consecuencia,
volverán a la cartelera títulos que ya bajaron de cartel hace tiempo, y
continuarán más de lo previsto otros. Sin embargo, en un año en el
que, hay que reconocerlo, las producciones notables, de esas que
hacen historia, faltaron a la cita, y aun teniendo en cuenta tal
extremo, para muchos, entre quienes me incluyo, buena parte de las
nominaciones resultaron desconcertantes.

Un punteo a vuelo de pájaro de las nominadas a MEJOR PELÍCULA
exige clasificarlas en categorías. Designemos a la primera “No tiene
sentido que estén en la lista”, e incluyamos en ella dos títulos. El
primero, BlacKkKlansman: una película menor cuyo único filo se
revela en el sesgo político, que, compartible o no, queda de hecho
descolgado y fuera de contexto en las escenas finales. El segundo es
Black Panther, un film basado en los personajes del universo
Marvel, entretenido, correcto y vistoso, pero ni por lejos destacable
en la saga. Suele argumentarse que las películas de Marvel no son
autocontenidas, y por ende se las excluye de nominaciones. ¿Por qué
aquí la regla se pasó por alto? Si la respuesta a esta pregunta es que
su elenco, producción y dirección están integrados
predominantemente por afroamericanos, sumado a la diversidad
adicional de que en Wakanda, el país africano ficticio de tecnología
avanzada en donde sucede la trama, el ejército y la seguridad del rey
están a cargo de mujeres guerreras, la respuesta a la respuesta es
obvia.

La segunda categoría podría llamarse “Muy buenas películas y basta”.
Aquí cabe incluir un biopic impecable en su género, pero que no lo
trasciende: Bohemian Rhapsody. Y otra bien construida, con una
propuesta del artificio lograda, pero que se descalifica en la práctica
al no cultivar el tono mesurado y objetivo desde el cual pretende que
en apariencia pontificar: Vice.

Luego vendría la categoría “Casi seguro una va a ser la ganadora”,
sostenible en base a los premios precedentes y la sensibilidad imperante en el “mercado”. También aquí debemos incluir dos
películas. Una de ellas, con gran producción, destacadas actrices y
algunos despliegues técnicos interesantes (como el uso del gran
angular, distorsiones de imagen incluidas, para filmar interiores de
palacios), no parece tener mayor sentido en cuanto a trama y
mensaje, sin contar con que incluye una serie interminable de
escenas tan desagradables como innecesarias: La Favorita. La otra
simplona, menor, con una ausencia total de recursos técnicos que no
parece buscada para aportar efecto o sentido, es sumamente lenta:
Roma. Forzando la lógica, concursa también como mejor película en
habla no inglesa.

Y finalmente, está la categoría de las que “Sí valen la pena pero
probablemente no van a ganar”, y sin llegar al nivel de clásicos, son
excelentes realizaciones. Películas que apelan al núcleo duro, básico y
elemental de la condición humana. La primera es Green Book, que
inspirada en hechos de la vida real, ambientada en 1962, cuenta una
historia intemporal de amistad y cercanía. Plantea valores
importantes, habla de acercar a la gente, que no es algo menor en el
clima de enfrentamientos propio de esta época. Tiene logradas
actuaciones, muy buenos diálogos, una música impresionante. La
otra: una excelente remake de A Star Is Born. Una historia que
reivindica el amor verdadero entre un hombre y una mujer para toda
la vida, al tiempo que muestra los efectos devastadores de los abusos
de alcohol y drogas, y la vanidad del éxito.

Parafraseando el dicho popular: dime a quién premias y te diré qué
quieres. Todo es opinable, y en ese sentido va esta opinión.

Laura Álvarez Goyoaga

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