Periodismo y presunta objetividad

El periodismo, en sentido amplio, se define como esa actividad cuyo
fin es recolectar, sintetizar, jerarquizar y publicar información
significativa, o valiosa, de interés general, relativa a hechos del
presente, del pasado o del futuro, a partir de una búsqueda en
fuentes seguras y verificables.

Los periodistas suelen posicionarse en el rol de difusores de
información objetiva, que actúan de manera neutral. ¿Esta supuesta
objetividad o neutralidad es real? Hay como una especie de
presunción de que es así, pero no tenemos nunca que perder de vista
que el periodista que nos cuenta una noticia, es un sujeto histórico, y
lo que expresa es en última instancia su visión personal de esos
hechos.

Es muy fácil verificar que la objetividad absoluta no existe. Un mismo
acontecimiento, observado por distintos periodistas, recibe
tratamientos y versiones diferentes. Es más, en las sucesivas
ediciones de un diario o semanario, o las emisiones de un informativo
de radio o televisión, de cada noticia se hacen correcciones,
agregados, aclaraciones, rectificaciones.

Pensemos en cuántos factores entran en juego aquí: cuando
aparecen hechos que pueden ser convertidos en noticias, el periodista
o el medio elige cuáles se cubren y de cuáles no se habla. También
decide a partir de qué fuentes se informa, qué recortes hace al
material que tiene para presentarle al público, y la forma en que
presenta la noticia. Elige el título, el colgado o subtítulo, las fotos.
Incluye algunas cosas, y saca otras.

Esto pasa porque informar no es disinto de opinar o interpretar.
Decidir cuál es el objeto de la información es dar una opinión.
Podemos decir que el periodista, en este sentido, construye la
realidad. El periodismo es una actividad humana. Es decir, pasa por
la subjetividad de quien lo realiza. Por ese motivo tenemos que tener
mucho cuidado en nuestro rol de receptores de noticias, para ser
capaces de discernir la intención detrás del autor.

Un solo ejemplo basta para ilustrar esta reflexión: el tratamiento que
la prensa da a los temas vinculados con la fe cristiana. En el mes de
octubre de 2017, como corolario del “Encuentro con María”, en la
rambla del Buceo se celebró una misa campal a la que asistieron
30.000 personas, dando lugar a un fenómeno socio-cultural e histórico de impresionante relevancia, que dio pie a notas y entrevistas en radio y televisión, y desbordó las redes sociales. Ese sin dudas era un “notición”: 30.000 personas se reúnen a celebrar una misa, dentro de un clima de fraternidad, paz y alegría, en el país más secularizado de América Latina. Tuvo, es cierto, cobertura de prensa, pero mucho más modesta que la que tuvieron otros hechos de menor significación.

Algunos medios, incluso, en lugar de profundizar en el análisis de las
repercusiones de fondo de este evento insólito, eligieron en cambio
dedicar grandes espacios a informes sobre la crisis del sacerdocio, o a
cómo la sociedad uruguaya iba a contramano del modelo de valores
propuesto por la Iglesia. Sin dudas estamos ante un caso de
información sesgada, donde el periodista a cargo deja de lado lo
importante o hasta trata de minimizarlo, ocupándose en cambio de
temas secundarios. ¿Por qué? Hay muchas respuestas posibles, pero
en Uruguay todas ellas marcadas por la impronta del laicismo. Hay
quien dice que creer en Dios es para algunos un tabú, algo
políticamente incorrecto, y esa creencia afecta su visión con sesgos
subjetivos. Hay también quien dice que las salas de prensa de los
grandes medios sufren de un tipo particular de falta de diversidad,
que tiene que ver con la ausencia de la perspectiva desde la fe
católica. Se procura que estén representadas todas las visiones
posibles para que haya una discusión plural, entonces habrá dentro
del grupo periodistas que aporten la visión de las diferentes
minorías… pero no la del cristiano, que por añadidura está lejos de
ser una minoría.

Quienes hablan de “objetividad” y “periodismo independiente”,
incluso con buena intención y convencidos de lo que dicen, pierden de
vista esta realidad. Nosotros, como receptores de noticias, si no
queremos que nos manipulen, no podemos olvidarnos de ella.

Por eso, cada vez que al informado le llegue una noticia, parece
buena recomendación observarla desde una perspectiva que tenga en
cuenta las limitaciones propias del género. Desde un aunque sea
mínimo marco teórico, que le permita recordar que nadie habla desde
el vacío.

Laura Álvarez Goyoaga