Green Book: la película merecedora del Oscar

Green Book es una road movie de época ambientada en 1962: una película cuyo argumento se desarrolla a lo largo de un viaje, que siempre es un viaje en más de un nivel. Cuenta una historia intemporal de amistad y cercanía; la de un “gorila” de seguridad de un nightclub  puntualmente sin trabajo, que se emplea por un tiempo como chofer de un aclamado concertista de piano afroamericano, en una gira por el sur profundo. El plus es que se trata de una historia de la vida real. Tiene excelentes actuaciones, muy buenos diálogos, una música impresionante.

Son sus protagonistas Viggo Mortensen, totalmente irreconocible como el mismo actor que encarnara al héroe épico Aragorn de El Señor de los Anillos, en el papel de Tony Vallelonga; y Mahershala Ali en el de Dr. Don Shirley. La tercer protagonista es sin dudas la música, la buena música, como herramienta para trascender las limitaciones y hermanar cualquier diferencia cultural.

Tony, descendiente de italianos, católico, es un marido leal y un hombre de familia; un buen tipo más allá de algún prejuicio racista residual típico de la sociedad de la época. El Dr. Don Shirley, extremadamente rico, con tres doctorados (en música, psicología y artes litúrgicas), que habla ocho idiomas y toca el piano como nadie, vive en soledad en un lujoso y  presuntuoso apartamento sobre el Carnegie Hall. Vienen de mundos diferentes, y al principio difíciles de compatibilizar.

Es el año 1962, y Shirley, una megaestrella en los estados del Norte, como una cuestión de principios ha decidido realizar un tour por el sur profundo, donde están vigentes las leyes de segregación racial. Sabe que un hombre negro no puede manejar solo por el sur sin arriesgarse a ser arrestado, golpeado, o incluso asesinado. Por eso necesita un chofer blanco que le sirva al mismo tiempo de guardaespaldas.

Para guiarlos en su viaje Tony y Don llevan “The Negro Motorist Green Book” (literalmente: “El libro verde para los automovilistas negros”), una guía del viajero armada para los afroamericanos, en una época en la cual muchos hoteles y restaurantes en esa zona podían legalmente rehusarse a servir o alojar afroamericanos. El Green Book prometía brindar información que “mantendría al viajero negro libre de dificultades, de ser avergonzado, y que haría más placentero su viaje”.

Las dificultades, por supuesto, no escasean, mientras los dos hombres deben enfrentarse al racismo en toda su terrible gama. El Dr. Shirley tiene fans en el sur, dispuestos a pagar por el privilegio de asistir a sus conciertos, y que lo aplauden de pie. Pero no lo dejan dormir en sus hoteles, comer en sus mesas o usar sus baños. Por tradición, según dicen. Porque así se hacen las cosas.

Una serie de escenas conmovedoras nos van mostrando las características de cada uno de los personajes en la acción: la mejor técnica para presentarlos, según los manuales de narrativa. En la interacción mutua, cada uno se enriquece a partir de la experiencia de abrirse al otro y apreciar su punto de vista. Tony, a medida que va conociendo más sobre Don y las circunstancias a las que se enfrenta, va cambiando. Y Don, un personaje complejo, con múltiples capas, que inició el camino convencido de que con su excepcional talento y sus impecables presentaciones artísticas vencería los prejuicios raciales, va aceptando que su romántica idea no llegará a hacerse realidad, y abriéndose a la amistad de Tony.

Es cierto que aparece una escena innecesaria sobre la homosexualidad, pero en un planteamiento, si bien gratuito, al menos discreto. Para compensar, algo encomiable es que aquí no está omnipresente esa imposición cultural propia del siglo XXI, de demostrar que el problema planteado continúa siendo relevante en nuestros días. Green Book se conforma con ser un excelente film sobre 1962 y listo. Tiene la refrescante sabiduría de comprender que no necesita martillarnos con ningún eslogan.

Green Book es entonces un impecable drama de época sobre un tema puntual: la discriminación racial. Pero a determinada altura de la trama, cuando uno de los dos músicos blancos que tocan en la gira con Don le explica a Tony que este se somete a peligros y humillaciones porque “Cambiar los corazones de las personas requiere coraje”, queda claro que esta es una película que aboga por el coraje, y lo hace bien. Para Don, esta gira es una cruzada para desafiar prejuicios arraigados, con elegancia y firmeza. Para los espectadores, desde esta óptica, esta película bien puede convertirse en un desafío para jugarse, con la misma delicadeza y convicción, por lo verdaderamente importante: la fe, la esperanza, el amor.

Laura Álvarez Goyoaga

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