Basta ya: dura respuesta a una jornada de ayuda humanitaria

El 23 de febrero de 2019 será recordado como una fecha histórica para Venezuela y para toda Latinoamérica; fecha que había sido marcada por el jefe del parlamento de Venezuela Juan Guaidó, reconocido como Presidente interino por OEA y numerosos países del mundo, para el ingreso de la ayuda humanitaria proveniente de varios países entre los que se cuentan Estados Unidos y Chile.

La fecha fue precedida de múltiples pedidos para que el ejército y el gobierno de Nicolás Maduro permitieran el ingreso de los esperados alimentos y medicinas. Citamos solamente dos:

Dos días antes, el 21 de febrero, el episcopado Venezolano emitió un comunicado más que elocuente: “¡Escuchen el clamor del pueblo, dejen entrar y distribuir en paz la ayuda humanitaria!”. Transcribimos algunas de las palabras de los Obispos: “La Iglesia, en sus diversas instancias (el Papa, la Santa Sede, el Episcopado, los religiosos y el consejo de laicos), ha pedido muchas veces la posibilidad de abrir un canal humanitario. La respuesta ha sido siempre un ‘no’ rotundo. En los actuales momentos, la Asamblea Nacional, en representación legítima del pueblo venezolano, ha tomado la iniciativa de organizar esta ayuda con el concurso de varios países y pueblos hermanos (…) El régimen tiene la obligación de atender las necesidades de la población, y para ello facilitar la entrada y distribución de la misma, evitando cualquier tipo de violencia represiva. Pedir y recibir ayuda no es ninguna traición a la patria; antes bien, es un deber moral que nos incumbe a todos, ante las carencias y urgencias dramáticas que padece el pueblo (…) Estamos en contra de todo tipo de violencia. Invitamos a la Fuerza Armada Nacional para que se ponga del lado del pueblo al que pertenece. El juramento de hacer cumplir la Constitución que hacen los miembros del estamento militar tiene como principal destinatario a los ciudadanos: es el compromiso de defenderlo, de proteger sus derechos inalienables y de hacer brillar su dignidad humana. En conciencia, no deben cumplir órdenes que atenten contra la vida y seguridad de la población. En estas circunstancias deben permitir el ingreso y la distribución de la ayuda internacional”.

El día anterior, 22 de febrero, con la participación de cerca de 30 artistas de renombre mundial, se realizó el concierto Venezuela Aid Live, que congregó a una multitud de más de 300.000 personas en Cúcuta, ciudad colombiana lindera con el estado venezolano de Táchira.

En la mañana del 23 de febrero Juan Gauidó, acompañado del secretario general de la OEA, Luis Almagro, y de los presidentes de Colombia, Iván Duque; Chile, Sebastián Piñera; y Paraguay, Mario Abdola; anunciaba: “La ayuda humanitaria va camino a Venezuela de manera pacífica y tranquila para salvar vidas en este momento”.

Por esas horas, el Arzobispo de Ciudad Bolívar aseguró que “en toda Venezuela se libra hoy la gran batalla por la dignidad. Hoy es un día histórico pues renace la Venezuela que todos queremos, nada ni nadie lo va a impedir”.

Sin embargo, los acontecimientos mostraron una realidad distinta a la que era razonable esperar. La ayuda humanitaria coordinada por la comunidad internacional y el jefe del Parlamento de Venezuela, Juan Guaidó, había comenzado su ingreso a Venezuela desde Colombia, Brasil y Curazao. Pero grupos paramilitares y policiales partidarios de Nicolás Maduro atacaron a los voluntarios con gases lacrimógenos y perdigones, e incendiaron al menos tres vehículos que portaban alimentos, medicamentos y otros insumos básicos.

En forma paralela a estos trágicos acontecimientos, la televisión venezolana mostraba a Nicolás Maduro en un acto de masas en Caracas alentando a sus seguidores. Sonriente, con un discurso típicamente chavista propio de una jornada de fiesta, en el que no faltó verlo bailar y dirigir una “ola” al estilo de los estadios de fútbol, anunció el rompimiento de “todo tipo de relaciones” políticas y diplomáticas con el gobierno de Colombia y dio 24 horas de plazo para que salgan del país los funcionarios colombianos.

En un Twitter de las 15.04, Juan Guadió informaba: “¡Atención Venezuela!  Anunciamos que los camiones de la ayuda humanitaria provenientes de Colombia ya están en territorio venezolano. El régimen usurpador está impidiendo su paso. No podrán con nuestra decisión irreversible de vivir en libertad.”

Según testimonios e imágenes de distintos medios internacionales, grupos paramilitares abrieron fuego contra los manifestantes y agentes de policía, y quemaron camiones que cargaban comida para evitar que la ayuda humanitaria donada por la comunidad internacional ingresara a dicho país. En un marco de fuerte tensión, una cadena de voluntarios pudo salvar parte de la mercadería que se intentó quemar.

En ese entorno, las autoridades de Colombia, país que asumió la responsabilidad de acopiar las donaciones internacionales, resolvieron que los camiones volvieran a los lugares de stock para evitar pérdidas mayores.

A últimas horas de la tarde se daba cuenta de cuatro muertos y 285 heridos entre los voluntarios y personas que acompañaban el intento de ingreso de ayuda humanitaria. Distintos medios de prensa estiman que el saldo de la represión podría ser mayor, ante informes de que los centros de asistencia médica en Santa Elena de Uairén, cerca de la frontera con Brasil, no tienen capacidad para atender el número de heridos. También fue noticia que decenas de militares de distinto rango desertaron de las filas de Nicolás Maduro.

Desde Cúcuta, Colombia, el uruguayo Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos, afirmó al terminar la jornada que Nicolás Maduro “hizo lo cobarde y lo indecente” al atacar a quienes acompañaban la ayuda humanitaria que se pretendía ingresar al país. A su vez, Juan Guaidó destacó que el mundo pudo ver la crueldad del régimen frente a lo que, también quedó demostrado, no era otras cosa que un intento de hacer llegar al pueblo venezolano la ayuda humanitaria que necesita imperiosamente. Transmitió con énfasis que la promesa de amnistía para los militares que apoyen la salida democrática es un hecho real y que continúa esperando el pronunciamiento corporativo de las Fuerzas Armadas que permitiría la caída de Maduro y el llamado a elecciones libres y transparentes. También destacó que la represión no fue hecha por militares, sino por las milicias, grupos armados que apoyan al chavismo. Y continuó diciendo: “Hoy vimos cómo un hombre, que no le duele el pueblo venezolano, manda a quemar la comida para hambrientos. No le deben lealtad, señores de las Fuerzas Armadas, a un hombre que quema comida frente a un pueblo hambriento. Que quema medicinas ante un pueblo enfermo. No le deben ningún tipo de obediencia a quien, con sadismo, celebra que no entre la ayuda”.

También al concluir la trágica e histórica jornada, a través de Twitter, el Arzobispo de la Cuidad de Bolívar Mons. Gutiérrez Reyes señaló que “los crímenes cometidos hoy, asesinando personas en las fronteras con Brasil y Colombia, y la destrucción de la ayuda humanitaria, plantea otro escenario que traerá consecuencias muy graves para el régimen. Basta ya”.  

Fuentes:

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