Juana sin estereotipos

El próximo 8 de marzo vamos a conmemorar un nuevo Día Internacional de la Mujer. Una fecha emblemática que vale la pena celebrar recordando a una destacada uruguaya que nació, justamente, un 8 de marzo.

Juana de Ibarbourou nació el 8 de marzo de 1892 en Melo. Fue una mujer que logró, siendo muy joven, con su talento y su esfuerzo, convertirse en una escritora de fama internacional.

En 1929, fue consagrada Juana de América en una ceremonia en la cual recibió honores de jefe de Estado. A partir de 1947 pasó a integrar la Academia Nacional de Letras. En 1950, la eligieron para presidir la Sociedad Uruguaya de Escritores. En 1953 fue designada “Mujer de las Américas” por la Unión de Mujeres Americanas de Nueva York. En 1959 recibió el Gran Premio Nacional de Literatura, que ese año se otorgaba por primera vez. Una mujer fue la primera en ganar el Premio Nacional de Literatura en Uruguay, y esa mujer fue Juana de Ibarbourou.

Pero además fue mujer, esposa, madre, y fue también una católica muy devota. Se casó en Montevideo, en la Parroquia de la calle Tapes, “la hermosa iglesia de Arroyo Seco” como ella misma le decía, y de cada nuevo libro llevaba el primer ejemplar para depositarlo como ofrenda en el altar de la Virgen del Perpetuo Socorro, ante la misma imagen que sigue estando hoy en ese histórico templo. Una creyente muy devota, que dedicó bellísimas páginas a la Virgen María, a quien llamó “primer lucero, primer diamante, primera rosa de oro sobre el caos”.

Durante muchos años los niños de las escuelas y los jóvenes en los liceos de Uruguay recitaron sus poemas. Juana no necesitaba apellido: bastaba pronunciar su nombre para que todo el mundo supiera de quién estábamos hablando.

Sin embargo hoy, mientras sus escritos siguen siendo motivo de tesis doctorales en Italia, España y Estados Unidos, en Uruguay parece que la obra de Juana, esa obra que es un milagro de simplicidad y profundidad combinados, cayó en el olvido.

¿Por qué fue que nos olvidamos de esta mujer tan destacada? Todos podemos tener nuestras teorías propias. Para algunos, la clave está en que no es una escritora políticamente correcta o funcional para los intereses actuales. Para otros, con Los Loores de Nuestra Señora y Estampas de la Biblia cometió el pecado de expresar su fe católica en un país anticlerical. Pero perder el tiempo en buscar una respuesta a esta pregunta es muy poco productivo.

En 1967 Juana escribió un libro dedicado a su esposo Lucas Ibarbourou, con quien estuvo casada 27 años. Para entonces, llevaba casi la misma cantidad de años siendo viuda. Es un canto de amor verdadero, entonado en voz baja: “Nadie olvida porque yo no olvido”, dice en sus versos. Una receta muy simple y muy efectiva: no olvidemos nosotros a la verdadera Juana, y así nadie va a olvidarla.

Haber perdido a Juana nos empequeñece. Recordarla solo porque su retrato aparece en el billete de $1.000, o por especulaciones sobre supuestas debilidades humanas en su historia, nos empequeñece todavía más. Por supuesto que Juana no era perfecta, y en su vida, como la nuestra, seguramente no faltaron las contradicciones. ¿Es eso relevante? Ni siquiera hace falta responder a la pregunta.

Lo que importa es que el pueblo uruguayo merece que le devuelvan a su gran escritora. Lo que Juana de Ibarbourou escribió, hoy tan vigente como antes, merece una relectura a la luz de un debate honesto que no se polarice ni caiga en estereotipos. Que se abra sin prejuicios a una auténtica diversidad.

Laura Álvarez Goyoaga

Laura Álvarez Goyoaga en Abriendo Puertas – ICMtv
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