Cardenal Daniel Sturla: “¿Qué pueden significar unas bombitas de pintura?”

Todo empieza de a poco, también la violencia y las muertes que lamentamos. Frente a la dura realidad de las muertes por odio que explotaron la semana pasada en el mundo y de las que Uruguay no es ajeno, el Cardenal Daniel Sturla se dirigió a un país que comienza el período electoral y alertó sobre la necesidad de que las manifestaciones de nuestros propios derechos, no sean el rechazo cargado de odio hacia el otro, sino un espíritu que intente comprender al otro”. En la parte final de su mensaje invitó a construir, en el día a día, el mirar al otro como un hermano aunque sea un adversario, aunque piense distinto”.

En su audición semanal del 15 de marzo, el Cardenal Daniel Sturla se dirigió a los uruguayos lamentándose por tantas muertes por odio ocurridas en la semana: el atentado terrorista en dos Mezquitas en Nueva Zelandia con más de 50 muertos; y la muerte en Brasil en un colegio donde unos chicos entraron, mataron y se suicidaron. Demostrando que esta realidad no es ajena al país, también recordó la muerte de David Fremd, hace tres años, el 8 de marzo de 2016, asesinado en Paysandú por el hecho de ser judío.

Según sus palabras “todo esto nos habla de increíbles dolores, de discriminaciones, de atentados contra la vida ajena y contra la propia vida”. Reflexionó que esta realidad “nos habla de una vida sin esperanza, sin horizonte, de gente que mata porque está cargada de odio”. Marcando el fondo de irracionalidad de todo esto se preguntó:
“qué sentido tiene la vida propia y ajena; qué sentido tiene el hecho de quitársela al otro”. Recordó las expresiones del Papa Francisco en un encuentro reciente con representantes del Islam: “el Dios verdadero es un Dios que de ningún modo puede alentar el odio, el desprecio entre los hombres y entre aquellos que son sus hijos queridos”.

Señaló: “pero todo empieza de a poco”, y marcó la necesidad de cuidar en Uruguay las relaciones humanas, de manera que las manifestaciones de nuestros propios derechosno sean el rechazo cargado de odio hacia el otro, sino un espíritu que intente comprender al otro”. Refiriendo explícitamente a lo acontecido en la parroquia del Cordón, donde año tras año con motivo de la marcha del 8M se realizan atentados en su fachada, reflexionó: “podrá decirse, ¿qué pueden significar unas bombitas de pintura?”. Consintió que “ciertamente muy poco, pero más cargadas de odio parecerían todavía cuando muchos de los manifestantes gritaban cosas como ‘Iglesia basura, vos sos la Dictadura’, desconociendo radicalmente lo que ha sido la historia de  este país”. En efecto, tal cual recordó el Cardenal, la Iglesia fue en esos tiempos un lugar de paz, de reconciliación, de protección, para muchos uruguayos que vivieron situaciones difíciles en esos años; un lugar de libertad que preparó a la generación siguiente para las responsabilidades y el protagonismo necesario para vivir la democracia.

Remarcó la actitud de los jóvenes de los cuatro partidos en el acto celebrado el año pasado con motivo de los 35 años del acto del Obelisco. Señaló como punto clave de nuestra vida y realidad nacional el discrepar sin ofender, el confrontar sin pelearnos, el tener posturas muy diversas sin cargar de malas intenciones al otro, y agregó:  ”esto se va construyendo día a día”. 

En el día 15 de marzo, a los 31 años del fallecimiento de Wilson Ferreira, en el centenario de su nacimiento, recordó su palabra y actitud de “gobernabilidad”, luego de haber sufrido la cárcel y frente a aquel gobierno de sus adversarios. También recordó la famosa frase del caudillo a su adversario Flores Mora: “’durante 20 años hemos hecho lo posible para odiarnos, pero es una de las cosas que ha quedado en la lista de nuestros fracasos’. Mirar al otro como un hermano aunque sea un adversario, aunque piense distinto: eso se construye en el día a día.

Culminó su editorial expresando el deseo de “que podamos ser constructores de paz, y que seamos capaces de superar todo lo que sean manifestaciones de violencias que aunque sean pequeñas, en agresiones verbales o físicas, terminan desembocando en cosas graves que nadie quiere para el Uruguay y para el mundo”. 

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