El mejor vino está por llegar…

Viviendo la sexualidad a pleno

En los últimos tiempos se está dando lo que algunos expertos han pasado a denominar la era de la revolución sexual. Quiere decir que todo lo relacionado con el sexo y la sexualidad, ha salido del clóset, como se dice habitualmente de un tema que se consideraba en cierta forma “tabú”, ya que aunque esté presente y nos consta a lo largo de toda la historia de la humanidad, ha pasado a un lugar de relevancia en las últimas décadas.

Uno de los puntos decisivos al cual algunos autores atribuyen este cambio es a partir de la aparición de los métodos anticonceptivos que permitieron la separación en el acto sexual de su carácter unitivo y procreativo. Es decir que las personas pueden tener relaciones sexuales evitando traer hijos al mundo.

Esto que en una primera y rápida mirada aparece como una solución, como un avance y lo elevamos como estandarte que nos permite una mayor libertad a la hora de expresarnos sexualmente en nuestras relaciones, tiene en su base más profunda unas consecuencias que algunos recién estamos comenzando a vislumbrar.

Ha sido además todo este cambio social y cultural acompañado desde políticas de estado que con mucha fuerza han impulsado y extendido esta nueva concepción del ser humano y la vivencia de su sexualidad, valiéndose muchas veces de un cambio también a nivel del lenguaje, que ha propiciado y favorecido la inculturación de estos nuevos paradigmas. Es así como escuchamos a diario conceptos como el de paternidad responsable,  anticonceptivos orales y ahora también implantables, parches, métodos de barrera como el condón, dispositivos intra uterinos, ligadura de trompas, vasectomía e interrupción voluntaria del embarazo cuando estos métodos “fallan”.

No todo es color de rosa

Sin embargo y a pesar de lo que esperaríamos, no siempre esta forma de querer controlar las consecuencias de nuestros actos sexuales nos ha traído una mayor felicidad. Tal vez algunos hubiéramos creído que al quitar el freno de la represión, y liberándonos de cuadriculadas reglas morales, gozaríamos de una mayor capacidad de entrega y búsqueda del placer, sin tener que cargar con ninguna consecuencia a posteriori. Pero las relaciones lejos de fortalecerse se han empobrecido, los vínculos se han vuelto laxos y las personas se hayan en situación de fragilidad extrema. Se habla también del amor líquido y del temor al compromiso. Sexo y familia se han separado, y sus caminos, influenciados por ideologías de moda, parecen irreconciliables.

En términos de salud, tampoco la realidad es alentadora. Las infecciones de transmisión sexual han aumentado en forma exponencial en el último tiempo, en la mayoría de los países, en todas las edades y en ambos sexos. Cada día 1 millón de personas contraen una infección de transmisión sexual. En nuestro país la edad en que consultan los jóvenes por infección por VIH (virus de inmunodeficiencia humana) es cada vez más precoz. Los casos de gonorrea y sífilis se han multiplicado. La información con la que contamos hoy en día es muchísima, sin embargo esto no es suficiente para evitar el contagio. Con la promoción del “sexo seguro” en adolescentes se ha hecho creer que el sexo no tiene consecuencias si se usan preservativos. El inicio precoz de relaciones les ha expuesto a estos riesgos que muchas veces se traducen en condiciones deletéreas para su salud y bienestar. A pesar de la información recibida la mitad de los adolescentes utiliza mal el preservativo, exponiéndolos a riesgos a ellos y a sus parejas sexuales. El embarazo a destiempo es otra consecuencia de este inicio precoz de relaciones y que puede afectar sus vidas de manera impactante.

¿Sexo espress?

Para el neurólogo y psiquiatra vienés Víktor Frankl el vacío existencial del hombre es lo que colabora en la proliferación de una libido sexual que se hipertrofia a niveles neuróticos. Al igual que la felicidad que no puede ser meta sino consecuencia de una serie de actos, que sin pretender alcanzarla, la obtienen como recompensa, el placer, cuanto más uno se concentra en aprisionarlo, más se nos niega. El sexo casual por diversión, puede aumentar antes o después nuestros niveles de ansiedad y sensación de vacío o insatisfacción, y lejos de constituirse en una actividad placentera pasa a ser causa de preocupación de que el “sexo haya sido seguro”. Nos encontramos entonces, como dice el autor de “El hombre en busca de sentido”, con una inflación sexual que solo termina en una sexualidad humana devaluada y despersonalizada.

A pesar de todas estas ofertas de “sexo a la carta” las personas sabemos que hay algo más, y nuestro corazón inquieto lo sale a buscar. Es así como “nostalgiamos” con la familia reunida cada domingo, las fiestas celebradas con amigos de la vida, el romance y los besos del primer amor, los sueños compartidos en pareja entre los que descubrimos muchas veces a los hijos. Estas personas maravillosas que han venido a enseñarnos a amar más allá de nuestras comodidades, a salir de nosotros mismos y de nuestros egoísmos, mucho más de lo que lograría cualquier curso intensivo de autoayuda, y que nos recuerdan con su sola presencia, que no tenemos el control de nada. Cuando los vemos y valoramos como son, nos podemos preguntar: ¿qué es lo que buscamos y lo que estamos tratando de evitar? y ¿por qué tanto rechazo actual a la vida, al compromiso, a la maternidad?

Sacando a Dios de nuestra vida

Varios filósofos de la última hora han hecho hincapié en un ateísmo militante que asegura que Dios viene a competir con el hombre, y que ante la no existencia de Dios el hombre puede hacer lo que quiera, todo estaría permitido. Para los cristianos que tenemos la dicha de la experiencia de un Dios que viene a llenar nuestra existencia y a iluminarla más que a consumirla, encontramos que la libertad que buscan los primeros se basa en una especie de imposición de mi propio capricho subjetivo, en cambio existe en el cristiano un peldaño más alto que busca disciplinar el deseo en pos de un bien mayor. El esfuerzo no anula el mérito sino que por el contrario da valor a la recompensa. Es por eso que los “no” que nos dice la Iglesia, que es madre y maestra, es siempre al servicio de un “Sí” mucho mayor: nuestra felicidad plena.

¿Es la Iglesia exigente con sus hijos?

Sí los es, pero solo porque busca lo mejor para ellos. Y este bien obrar de la Iglesia se traduce en que esta exigencia, no son solo reglas inalcanzables para la mayoría de los humanos post modernos, sino que se acompaña de un gran amor y misericordia por cada uno de sus hijos, que los pone en camino de una verdadera libertad.

Cuidar entonces que nuestros vínculos sean sanos, buscando el bien del otro y no solo mi propio bien. Conocernos y crecer en un noviazgo donde cada uno sienta y experimente el cuidado del otro, compartiendo proyectos de vida que fortalezcan nuestras relaciones y nos ayuden a desarrollarnos más plenamente, valiéndonos también de las diferencias y complementariedades, dedicándonos tiempo y calidez que favorezca la tan trastocada comunicación de hoy en día entre el hombre y la mujer, y que afecta luego todos los terrenos de nuestra vida personal, social y familiar.

Desarrollar un verdadero conocimiento de nuestro cuerpo, sin dejar de admirarnos y respetando su maravillosa exactitud de funcionamiento, incluido el de la sexualidad. Fortalecer nuestra autoestima y aprender a conocernos y a cuidarnos de lo que nos daña, de lo que nos hace mal, aunque el mundo sostenga lo contrario. Ir contracorriente puede hacernos sentir un poco solos en un tramo del camino, pero genera una certeza interior y una coherencia de vida que bien vale la pena. Muy pronto nos encontraremos con varios más que han sabido ser fieles a su voz interior y transitan confiando este camino de santidad.

La zorra y las uvas

Que no nos pase como a la zorra de la fábula, que luego de intentar varias veces y sin éxito alcanzar unas uvas deliciosas que estaban muy altas, desistió y se alejó diciendo que las uvas estaban verdes.

Existen métodos de planificación familiar natural que pueden ayudar a las parejas a vivir plenamente su sexualidad sin necesidad de recurrir a fármacos, profilácticos ni operaciones quirúrgicas. Uno de ellos es el sintotérmico que combina el conocimiento de la temperatura basal y la secreción cervical.  Estos métodos valoran la fertilidad positivamente y ayudan a conocernos más, para ser más libres a la hora de tomar decisiones sobre la llegada de un nuevo integrante a la familia. Conocer nuestro cuerpo y nuestros ritmos naturales nos ponen en sintonía con nuestro ser y nuestra pareja, respetando la fertilidad de cada uno como parte integrada y preciosa de la persona, a la vez que nos hace más responsables.  Se abre así una comunicación íntima en la pareja, que parte de la aceptación y recepción del otro, respetando tiempos de espera, recompensados por otros tiempos de “luna de miel” que se repiten en forma cíclica y natural.

Más allá de las opiniones que tienden a opacarla y a tratarla como algo negativo que hay que evitar, la fertilidad es un don y la familia es el lugar privilegiado para desarrollarla y donde la “imagen de Dios” se hace presente en cada uno de sus miembros. Padre y madre, marido y mujer estarán conectados en un vínculo indisoluble y para siempre a través de sus hijos y nietos. Es tiempo de defender a la familia con el testimonio de nuestra vida, ya que sin ella la sociedad toda se resquebraja y rompe. En este sentido, como sostiene el Amoris Laetitia del Papa Francisco, “el Estado tiene la responsabilidad de crear las condiciones legislativas y laborales para garantizar el futuro de los jóvenes y ayudarles a realizar su proyecto de formar una familia”. Conceptos que además están presentes y ampliamente desarrollados en nuestra Constitución.

Mientras tanto los cristianos, redescubramos a la luz de la Iglesia, faro que permanece firme en esta hora de oscuridad, lo que hemos sido destinados a ser. Con la ayuda de la gracia, no nos alejaremos mintiendo que las uvas están verdes, aprendiendo cada día a saborear el vino mejor de una vida compartida y vivida en plenitud.

Silvana Fiamene

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