Prohibido bajar los brazos

Ante el avance de la ideología de género, de la dictadura del relativismo, de la corrección política… ¿quién no ha tenido alguna vez la tentación de bajar los brazos? Al fin y al cabo, parece ser una lucha de David contra Goliat… ¿Es posible ganarle a los medios, a los gobiernos, a los grupos de poder? Quizá no. O quizá sí. A continuación les contaré cómo llegué a la conclusión de que es absolutamente indispensable permanecer firmes, sin bajar los brazos jamás.   

Un buen día, leyendo la magnífico obra “Hechos de los Apóstoles de América”, del P. José M. Iraburu, me llamaron la atención unas citas de “La Edad Media española y la empresa en América”, de Claudio Sánchez Albornoz.  Este autor sostiene que “la Reconquista fue la clave de la Historia de España”, y que “lo fue también de nuestras gestas hispanoamericanas”: (…) “si los musulmanes no hubieran puesto el pie en España, nosotros no habríamos realizado el milagro de América”

Al advertir mi enciclopédica ignorancia sobre la Reconquista española, me fui derecho buscar libros para estudiar este apasionante capítulo de la historia universal. Y los encontré. De la mano de José Javier Esparza, autor de “La gran aventura del reino de Asturias” y de “Moros y cristianos”, aprendí que en el año 711, tras la muerte del rey visigodo Witiza, su hijo Agila recibió el trono en herencia. Pero como no era tradición entre los visigodos que los herederos se coronaran reyes –estos eran electos por los nobles-, una facción de la nobleza coronó rey a un aristócrata llamado Rodrigo. Agila pidió ayuda a los musulmanes del Norte de África para sacarse de encima a Rodrigo. Y los musulmanes, luego de vencer a Rodrigo, decidieron quedarse con toda España. Y casi lo lograron…

Casi… porque cuando estaban a punto de quedarse con la península entera –año 722-, los moros se toparon con Don Pelayo y un pequeño grupo de astures que resistió heroicamente el ataque musulmán en la batalla de Covadonga. A partir de ese pequeño núcleo cristiano, se inició la Reconquista. Palmo a palmo, el viejo territorio visigodo fue lentamente reconquistado. Más con la azada que con las armas, según dicen los que saben. Este proceso culminó con la expulsión de los moros de Granada en 1492, meses antes del descubrimiento de América.

“Desde el siglo VIII en adelante -escribe Sánchez Albornoz-, la historia de la cristiandad hispana es, en efecto, la historia de la lenta y continua restauración de la España europea; del avance perpetuo de un reino minúsculo, que desde las enhiestas serranías y los escobios pavorosos de Asturias fue creciendo, creciendo, hasta llegar al mar azul y luminoso del Sur… A través de ocho siglos y dentro de la múltiple variedad de cada uno, como luego en América, toda la historia de la monarquía castellana es también un tejido de conquistas, de fundaciones de ciudades, de reorganización de las nuevas provincias ganadas al Islam, de expansión de la Iglesia por los nuevos dominios: el trasplante de una raza, de una lengua, de una fe y de una civilización”.

¿Qué lecciones nos deja esta historia?

Primero, que para correr a los moros de Granada en 1492, ocho siglos antes, debió existir un Don Pelayo. Un héroe que en ínfima minoría, y con todas las de perder, decidió resistir a toda costa al invasor.  

Segundo, que no importa cuán dura y larga sea la lucha de un pueblo por alcanzar su libertad: si persevera y pone su confianza en Dios, si de generación en generación pone todos los medios humanos y sobrenaturales a su alcance, es posible alcanzar la meta propuesta.

Tercero, en tiempos en los que todo lo queremos “¡ya!”, es bueno mirar hacia atrás, tener paciencia, adquirir visión histórica de los acontecimientos del presente. Las guerras culturales no se ganan de un día para otro. Y aunque el relativismo, la corrección política y la ideología de género nos tengan cercados en una cueva, solo es cuestión de tiempo recuperar el terreno perdido. Siempre y cuando no bajemos los brazos…

Cuarto, ni en el mejor momento hay que bajar los brazos. En Europa, algunos lo hicieron cuando renegaron de sus raíces cristianas. Y si bien en algunos países como España, hay alentadores síntomas de un gran resurgimiento espiritual, la realidad demográfica y migratoria lleva a preguntarse si en dos o tres décadas, los cristianos que van quedando, no volverán a estar acorralados… como en Covadonga…

Por más que arrecien las “colonizaciones ideológicas”, por más intolerante que sea la dictadura del relativismo, por más diabólicamente atractiva que se presente la corrección política, si nos determinamos a resistir “a lo Pelayo”, con la ayuda de Dios, y con un enorme esfuerzo de nuestra parte, a la larga venceremos.

Muchos no veremos los resultados. Quizá pasen muchos años antes de que en el mundo vuelva a imperar la ley natural, la sensatez, la razón… ¡el amor! Para que ello ocurra, hay que empezar por no soltar la bandera. Por sostenerla fuerte en medio del combate, luchando sin tregua para ser cada día mejores, cada día más virtuosos, caritativos, templados y fuertes… La esperanza de ser cimiento oculto sobre el que se apoye el gran edificio del bien y la verdad, donde brille la belleza, donde reine el amor, es a nuestro juico, motivo más que suficiente para no bajar los brazos. ¡Jamás!

Álvaro Fernández Texeira Nunes

Ilustración: <a href=”https://pngtree.com/”>Graphics from pngtree.com</a>

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