Reinas que imprimieron carácter: las novelas históricas de Philippa Gregory

La historia novelada siempre ha concitado el interés del público, en particular cuando refiere a episodios que han tenido impacto en nuestro presente, o cuando el autor encuentra un canal de comunicación eficiente con los lectores de su target, ya sea en base a líneas temáticas, protagonistas, o técnicas narrativas. Philippa Gregory, novelista histórica inglesa conocida por ser la autora de The Other Boleyn Girl (adaptada al cine en el 2008 para el público de habla hispana, como La otra Bolena), es una experta en la materia. Lo que no todos saben es que ese libro no es más que uno en su larga saga de las Novelas de los Plantagenet y los Tudor, que
compartimenta en sus títulos la serie de la Guerra de las Rosas, donde el relato del enfrentamiento entre las casas reales británicas de los Lancaster y los York nos llega a través de la voz de sus protagonistas femeninas.

Este mecanismo resulta muy efectivo. En primer lugar porque refiere a hechos históricos más que interesantes, y al mismo tiempo toca profundos dilemas humanos, morales y espirituales. En segundo lugar, porque al narrar la historia desde la perspectiva de personajes femeninos fuertes, que encuentran caminos para mover hilos de poder, desmitifica aquel dicho que asumimos como verdad absoluta de que las mujeres fueron solo espectadores pasivos de los hechos que marcaron su vida y su época. Y en tercer lugar, porque al pasar los mismos sucesos históricos por el tamiz de más de una protagonista simultánea de ellos, lleva al lector a reflexionar sobre cómo los hechos no permiten una mirada única, y a ponderar la validez de visiones contrapuestas sobre una idéntica realidad.

Varios libros de esta saga están editados en español. Uno de ellos, La Reina Blanca, nos cuenta a través de su esposa Elizabeth Woodville, la historia del rey Eduardo IV de los York. Casados en secreto por amor, su matrimonio causará un gran escándalo y cambiará el destino de Inglaterra para siempre, llevándolos hasta el centro mismo de una lucha por el poder en la corte real.

Otro, La Reina Roja, nos permite acercarnos al mismo período desde la perspectiva de Margaret Beaufort, la orgullosa, valiente y ambiciosa heredera de la casa Lancaster, convertida en viuda y madre con solo catorce años. La historia de Margaret es una de alianzas, traiciones y conspiraciones secretas, donde todo vale para conseguir sentar a su hijo en el trono de Inglaterra.

Ambas novelas, bajo el título de The White Queen (La Reina Blanca), fueron adaptadas en el 2013 para una excelente serie televisiva por la BBC en Inglaterra y Starz en USA, que se encuentra disponible en internet. Para su argumento, los creadores tomaron también pasajes de otras dos imperdibles novelas de Gregory: The Lady of the Rivers (La Dama de los Ríos), sobre la vida de Jaquetta, duquesa de Bedford, la madre de la Reina Blanca; y The Kingmaker´s Daughter (La Hija del Hacedor de Reyes), donde la protagonista es Anne Neville, la segunda hija del “Hacedor de Reyes”, como se conocía a su padre el conde de Warwick, amigo y primo del rey Eduardo IV hasta que este se casó con Elizabeth en secreto, y a partir de entonces, su enemigo.

Cuatro títulos dentro de las novelas de Gregory, cuya saga tiene otros para seguir fidelizando al público: el lector puede continuar el recorrido por The White Princess (La Princesa Blanca), donde la protagonista es la hija mayor de la Reina Blanca, quien, casada con el hijo de la Reina Roja, será la madre del famoso Enrique VIII e inaugurará la dinastía Tudor; y con The Constant Princess (La Princesa fiel), que continúa la línea cronológica de las anteriores, con la historia de Catalina de Aragón, la princesa española que, al no darle al rey Enrique VIII un heredero varón, determinará la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica.

Todas historias entretejidas que ponen de manifiesto cómo la paz de espíritu se alcanza por la virtud y el amor, cómo la ambición destruye vidas, cómo un camino redención trae paz de espíritu, y cómo la complejidad de las relaciones humanas reclama aquello de ver detrás de las apariencias a las personas como las ve Dios mismo, para poder apreciar la bondad inherente a cada uno, lejos de pasiones y simplificaciones.

Laura Álvarez Goyoaga

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