BIENVENIDO DISNEY SINAGENDA” El Rey León versión 2019

Con Jon Favreau como su productor y director, está arrasando en taquilla a nivel mundial la remake en CGI (computer-generated imagery) de una icónica película animada de Disney estrenada en 1994: The Lion King. Habrá quienes atribuyan este interés del público a la conciencia ecológica, el papel proactivo de las leonas leído en clave feminista, o incluso la importancia de la educación o formación del carácter que marca la aventura de Simba. Todo puede evaluarse, sin perder de vista que estamos ante un film de gran belleza visual, con una impresionante banda sonora, y el cual por si fuera poco nos cuenta una historia inspiradora, sin pagar peaje a ninguna agenda políticamente correcta. Disney en su mejor y más clásica expresión. ¡Lo estábamos necesitando!

Aquí va un resumen de las lecciones que cualquiera puede aprender de ella sentado en la butaca del cine: El mal existe. El mal manipula. El mal engaña. El mal es traicionero. El mal nos aísla, nos aleja de quienes nos quieren, para volvernos vulnerables. El mal es cobarde, se aprovecha de nuestras debilidades, y se ensaña con los más débiles. El mal trae siempre dolor, aunque parezca divertido y tentador al principio. El camino del mal corrompe. Cuando el mal triunfa, el resultado siempre es la decadencia. Todo desorden en los afectos lleva en sí mismo su pena. El mal nos vende que la mediocridad es lo mejor. Es fácil acostumbrarse a la mediocridad, a no exigirnos, a conformarnos con subsistir, a no comprometernos. Pero el mal solo nos esclaviza si nos dejamos esclavizar. Todo está conectado. Nada de lo que hago cae en el vacío. La esperanza nos salva. Existe la verdad, y la verdad nos hace libres. A la larga, siempre llega el fuego que purifica. Y después del fuego, viene la lluvia: el nacimiento a una nueva vida. Porque la vida puede más.

Suele decirse que  El Rey León es un Hamlet con final feliz. Sin restar importancia a la evidente intertextualidad, me animo a afirmar que esta película, centrada en un conflicto inherente a la condición humana, bien puede leerse como una alegoría de la realidad actual de occidente, y de nuestro camino como humanidad hacia la fe. Simba nace en la abundancia, es un hijo amado por su padre, se vuelve arrogante, cae en desgracia, vaga solo y perdido por la intemperie, necesita ser rescatado, ser encontrado, perdonado y redimido para nacer a una nueva vida. Y abraza esta redención. Scar, en cambio, toma el camino opuesto: es el tentador, el que divide, el que acusa, el que traiciona, el que miente, el que antepone a todo sus intereses personales. Es incapaz de ofrecer misericordia, tanto como de aceptarla. Por todo ello no es digno de ser rey. Porque como textualmente lo verbaliza el personaje de Nala, “El poder de un verdadero rey es su compasión”.  

El film nos regala una sana relación entre los reyes y su pueblo. Totalmente ajenos a la visión explotadores–explotados, vemos varios personajes fuertes que se complementan, siendo a su vez ellos también reyes de sus propias vidas. Y lo hacen con la gracia particular de Pumba, Timón y muchos otros que brillan con individualidad y luz propia, en forma consistente con la visión antropológica occidental.

¿Hay o no lecturas importantes para sacar en limpio de todo esto? Ningún resumen que haya podido acercarles compite con la experiencia, y consideradas las reglas del campo cultural en el que hoy estamos inmersos, esta es una experiencia tan satisfactoria como poco común. No la dejen pasar.

Laura Álvarez Goyoaga