Porqué el progresismo materialista no entiende a María

¿Por qué para algunos es más fácil entender a los adoradores de ídolos que comprender a quienes rezan el Rosario? ¿Por qué en Montevideo, el 11 de mayo de 2017 la bancada del Frente Amplio, coalición que integran muchos católicos, negó a la colocación de una imagen de María en la rambla de Montevideo en una histórica votación? ¿Por qué se repiten los ataques feministas a la Virgen María?

Encontré una pista de respuesta, no para juzgar sino para entender, en el libro El Evangelio de María, del Cardenal Carlo María Martini.

En el primer capítulo, El Evangelio de María nos invita a poner foco en la frase: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra (Lc 1,38).

¿Puede esta frase decirle algo nuevo al lector occidental del año 2020? Sin dudas es mucho más difícil de entender para quienes ponen las relaciones de poder en el centro de sus vidas. Para quienes proclaman que todas las relaciones sociales, y hasta la misma Iglesia, deben avanzar hacia una horizontalidad utópica, más importante que la caridad, la humildad y que la complementariedad de roles y carismas. Para quienes ven el mundo desde la lucha de clases o sus derivados ideológicos.

Martini coincide con que, a simple vista, cuando leemos estas palabras de María parece ser que estamos ante una relación servil; la palabra exacta, efectivamente es “esclava”…

Y continúa diciendo: …si reflexionamos sobre el contexto bíblico del que se desprende, comprendemos que indica algo mucho más tierno y al mismo tiempo profundo. Las palabras de María son respuesta a la expresión que leemos en Isaías: “He aquí mi siervo, a quien protejo; mi elegido, en quien mi alma se complace” (Is 42,1). La Virgen había saboreado ciertamente este texto del profeta Isaías, y ese versículo resuena en cada una de las fibras de sus palabras. Existe consonancia con la primera: “He aquí la sierva” y también con la segunda, en la palabra que pronuncia el ángel: “Has encontrado gracia ante Dios” (Lc 1,30)

Y concluye: María se define en relación con Dios porque él ha decidido establecer con ella una relación que parte de él, que él sostiene y en la que se complace.

Seguidamente agrega el Cardenal: Se da otra espléndida consonancia: “He puesto en él mi espíritu” (Is 42,1b). Y el ángel a María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc 1,35).

Y culmina el hilo de su pensamiento: Se comprende por tanto, a María en su respuesta: “He aquí la sierva del Señor”, en el marco de las predilecciones de gracia y misión en que se colocaba la figura del siervo de Yahvé. Su conciencia es la del misterioso siervo, a quien Dios ama y elige para llenarlo con su Espíritu.

Continuando con la mirada de María desde las palabras escritas con siete siglos de anticipación por el profeta Isaías, expresa: María vive en la onda de la revelación bíblica, actualizada en ella por las palabras del ángel. Vive la tiple conciencia de su relación personal y de entrega a Dios, de la expresión coral de un pueblo y de la responsabilidad hacia todo aquello que es humano.

Este primer título del primer capítulo del libro de Martini culmina con tres preguntas, la primera de ellas, muy difícil de contestar desde las fuentes que hacen de la lucha de poder el centro de sus esfuerzos y emociones:

  • ¿Cómo concibo mi vida? ¿Tengo conciencia de esta relación de dependencia, que es la que en definitiva diversifica la opción humana? Porque la opción humana, o es de recta dependencia de Dios, o bien es la opción que niega esa dependencia, que no sirve ni se somete…

Sin juzgar, pero entendiendo, desde Sentido Común pedimos que María siga protegiendo e iluminando a nuestros pueblos desde su humildad de sierva.