La formación de los políticos

Desde el siglo XVI la formación política, ha seguido una clara orientación “maquiavélica”.Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527) fue un político italiano cuya obra cumbre -“El Príncipe”-, es un manual de política utilitarista. En él, no aconseja al gobernante que procure la felicidad de su pueblo, sino que tome las medidas necesarias para perpetuarse en el poder. A Maquiavelo no le importan las virtudes o cualidades morales del príncipe, sino cómo le conviene proceder para su beneficio personal. Maquiavelo cree que el fin justifica los medios, y aconseja al gobernante teniendo en cuenta todo lo malo que hay en el hombre: los bajos instintos, el egoísmo, la ambición…

Claro que no siempre los políticos se formaron según este modelo. En la Antigüedad, la formación de los gobernantes se basaba en los clásicos; y en particular, en Plutarco, sabio griego nacido en Queronea (Grecia) hacia el año 50 d.c. El sistema de Plutarco se basa en la idea de que la política, es la forma más noble de servir a la patria, y que para ello es necesario que los gobernantes sean hombres virtuosos, sinceramente preocupados por la suerte de sus conciudadanos. En sus “Vidas paralelas”, analiza las virtudes morales que debería tener un gobernante para hacer feliz a su pueblo, mediante la comparación de la forma de actuar y de vivir de los antiguos príncipes romanos y griegos. También en los “Moralia”, Plutarco da consejos que aún hoy, pueden servir a los gobernantes. Por ejemplo, “cómo distinguir a un adulador de un amigo”.

Muchos de los problemas que enfrenta la actividad política hoy, son fruto de los vicios y la bajeza humana, que existen desde siempre. ¿Cuál es el mejor camino para superarlos? ¿La visión maquiavélica, o la visión plutarquiana clásica?

Si bien el diagnóstico de Maquiavelo sobre las motivaciones de los hombres puede ser acertado, nosotros creemos –como Plutarco- que sólo si los políticos procuran practicar las virtudes necesarias para el buen gobierno, las naciones podrán ser felices y el mundo podrá retomar el camino correcto. ¿Y cuál es el camino correcto? Ante todo, respetar la naturaleza humana: que es una e inmutable; que no depende de la historia, ni de la geografía; que no se puede obviar al elaborar leyes positivas sin ocasionar verdaderas catástrofes; que está llamada a ser punto de encuentro entre creyentes y no creyentes, ya que es común a todos.

Todo gobernante debería tener una preparación filosófica clásica, sólida, realista, jusnaturalista. De la fortaleza filosófica, depende en buena parte la firmeza moral de los políticos, y de ella, su capacidad para resistir las tentaciones que habitualmente se presentan a quienes ejercen el poder. Además, el buen ejemplo de un gobernante, confiere una autoridad mucho mayor, más auténtica y duradera, que el poder que se obtiene inspirando temor. El temor oprime, la virtud arrastra.  

Por eso, en “Utopía”, Santo Tomás Moro instaba su amigo Rafael Hythloday a poner su ingenio y esfuerzo al servicio del estado, haciéndose “consejero de un gran príncipe y metiéndole en la cabeza (…), consejos honrados y persuasiones virtuosas. Porque del príncipe, como de un inagotable manantial, viene a los pueblos la inundación de todo lo bueno y de todo lo malo.”

Hythloday se resiste, pero Moro vuelve a la carga: “Si las malas opiniones y los consejos desviados no logran desarraigarse por completo de los corazones de los príncipes y no se consiguen remediar siquiera los vicios consolidados por el uso y la repetición, existe, no obstante, un motivo para no dejar al Estado. Y es éste: cuando sobreviene una tempestad y resulta imposible gobernar los vientos, no por ello debe abandonarse el barco.” Moro dio su vida por sus convicciones.

Los grandes maestros de la Antigüedad, todavía pueden enseñar a los políticos de hoy: lo importante no es si las ideas son nuevas o viejas, sino si son buenas o malas: la idea de democracia es antiquísima, mientras que la de legalizar la pedofilia, es novísima…  

Ha llegado la hora de recordar que “la política es la actividad más noble que puede ejercer el ser humano, ya que de ella depende la suerte de muchos”[i].Y que para ello se necesitan hombres virtuosos, con firmes convicciones filosóficas y morales, además de los saberes técnicos que en distintas áreas puedan tener.

Álvaro Fernández Texeira Nunes


[i] Ricardo Rovira (2012) – “La educación política en la Antigüedad clásica – El enfoque sapiencial de Plutarco”. B.A.C.