Homenaje a la mujer

Hubo un tiempo en que nos dejamos ganar por el reproche, por el puño cerrado, por lo inhumano de la historia. Pero parece que está surgiendo la reacción, y hoy lo nuevo es celebrar el 8 de marzo como lo que siempre debería haber sido: un día para dar gracias.

Dar gracias no implica dejar de marcar y pedir que se corrijan las injusticias. Agradecer y pedir perdón son dos caras de una misma moneda, que juntas posibilitan el cambio, la conversión, el avanzar hacia un mundo más humano.

Damos gracias a la mujer por su esencia, según lo expresa el siguiente párrafo, que vale tanto desde lo religioso como desde lo filosófico:

¿Cómo podía el hombre solo ser imagen y semejanza de Dios, que es uno y trino, de Dios que es comunión? «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacer alguien como él que le ayude» (cf. Gn 2,18-20). Dios se puso de nuevo manos a la obra para crear la ayuda que faltaba, y se la proporcionó de forma privilegiada, introduciendo el orden del amor, que no veía suficientemente representado en la creación. Como sabemos, hermanos y hermanas, este orden del amor pertenece a la vida íntima de Dios mismo, a la vida trinitaria…

El texto citado pertenece al “Discurso de Benedicto XVI sobre la promoción de la mujer”, dirigido a los movimientos comprometidos en Angola en marzo del 2009 y se complementa con la frase del Papa Juan Pablo II:

la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz (Carta ap., Mulieris dignitatem, 29).  

También damos gracias a la mujer por su acción, testimonio, protagonismo. En ese sentido, este año en la principal avenida de Montevideo, se está dando públicamente gracias a la mujer a partir de cuatro de ellas, que vivieron en el siglo XX. Se hace a través de gigantografías expuestas en la fachada de Nuestra Señora del Carmen del Cordón, templo que en los últimos años ha sido vandalizado cada 8 de marzo. Se hace con imágenes acompañadas de un cartel con adjetivos que definen a estas mujeres: líderes, pioneras, inspiradoras, precursoras, fuertes.

Mucho es el simbolismo que hay en esta intervención, que devuelve a las manchas de pintura y gritos desencajados, un mensaje de gratitud a la mujer representada por cuatro de ellas. Las mujeres son:

Madre Teresa de Calcuta: Nacida en la actual Macedonia del Norte un 26 de agosto de 1910, esta mujer supo ser reconocida por su labor con respecto a los más descartados de la sociedad. Premio Nobel de la Paz en 1979.

Madre Francisca Rubatto: Nacida el 14 de febrero de 1844 en la provincia de Piamonte (Italia). En 1885 fundó el Instituto de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto, que tuvo una rápida expansión por Italia. En 1892 cruzó el océano con otras hermanas y fundó casas en Montevideo. Tuvo presencia en Uruguay, Argentina y Brasil. Muy pronto será elevada a los altares al ser reconocido el milagro necesario para su canonización.

Gery Cori. Proviene de una familia judía de Praga, y convertida al catolicismo con el paso de los años. Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1974.

Juana de Ibarborou. También conocida como “Juana de América”. Se trata de una de las mujeres más relevantes a nivel de la cultura latinoamericana. Fue una devota católica durante toda su vida. Una uruguaya que aún hoy sigue despertando admiración.

Claro que hay más razones, testimonios y aspectos para dar gracias, pero no se trata de abarcarlo todo, sino de elevar la mirada hacia un mundo más lleno de humanidad. Gracias a todas y a cada una de las mujeres.

Laura Álvarez Goyoaga