Ennio Morricone: fe, oración, música y Dios

El pasado 6 de julio falleció Ennio Morricone, uno de esos compositores que ha marcado un antes y un después en la historia de la música. Si bien lo conocemos por las excelentes bandas sonoras que compuso para películas de todo tipo, como La misión, Los intocables, Los 8 más odiados y Cinema Paradiso, también incursionó en la música sacra, de cámara y sinfónica, la ópera, y hasta canciones populares. Era además un católico convencido, que cada mañana se levantaba muy temprano para rezar durante una hora ante la imagen de Cristo.

Nacido en Roma en 1928, en 1956 se casó con María Travia, la esposa que lo acompañó durante toda su vida y con quien tuvo cuatro hijos. Ganó muchos premios, entre ellos dos Oscar (uno por su trayectoria y otro por Los 8 más odiados), pero también 27 Discos de oro y 7 Discos de platino, varios Bafta, Globos de Oro y Grammys.

Eligió vivir en Roma, y no en EEUU. Trabajó con directores célebres como Pasolini, Bertolucci, Brian De Palma, Roman Polanski, Oliver Stone, Pedro Almodóvar, Roland Joffé. Su consigna de trabajo consistía en  “probar algo completamente original y que a la vez sea entendible”, según sus propias palabras. La música para él era una herramienta de comunicación, y un camino para expresar su fe.

Proveniente de una familia cristiana, este músico autor de obras instrumentales de gran fuerza y espiritualidad creía que la música ayuda a rezar, pero que la oración necesita también “palabras, intenciones, concentración”. Coherente con su fe, compuso música sacra a lo largo de toda su vida. Más recientemente, a pedido del Papa Francisco, un “Amén” coral en ocasión de un Festival de coros en la Santa Sede, un Via Crucis, y una composición sobre la Creación.

El mundo del cine y el de la fe se entrecruzaron como nunca en su carrera con la película La Misión, para la cual fue autor de la inolvidable banda sonora, una de las más hermosas que alguna vez nos trajo el cine, en base a tres elementos distintos que ya estaban en la historia narrada: el oboe del sacerdote jesuita, la música coral y la música étnica de los indios.

Este drama histórico del año 1986 narra la lucha de los jesuitas en Sudamérica durante el siglo XVIII por defender a los nativos de las misiones de la voracidad esclavista de Portugal. Robert Bolt es el guionista, Roland Joffé el director, Jeremy Irons y Robert De Niro sus protagonistas. El gran telón de fondo aquí es la historia de salvación. Sin dar una respuesta única, nos enfrenta a una encrucijada en la cual cualquiera puede encontrarse en algún momento de su vida: actuar por convicción, o por deber; tomar una decisión difícil para evitar el mal mayor, o jugarse dando la vida por una causa.

La misión es un clásico del cine. Una película fuerte, bellísima, inspiradora. Una historia de redención, de amor, de entrega, de compromiso, donde la música se vuelve parte de la trama, y refleja la sensibilidad única de un alma enamorada de la trascendencia. Por eso es una buena idea volver a verla, o acercarse a ella por primera vez. No es más que un homenaje merecido a un artista único.

Laura Álvarez Goyoaga