Un cuento sobre chivos expiatorios en tiempos del COVID-19

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En tiempos del COVID-19 dos influencers muy conocidos, una mujer mayor y un hombre joven, comenzaron a acusarse mutuamente. Ambos sabían apoyarse en las tendencias de las publicaciones globales.

La mujer mayor apelaba al “Sentido de Responsabilidad” y acusaba a los jóvenes de la propagación de la pandemia con sus fiestas y reuniones. La información publicada en Europa, en Estados Unidos, en Brasil y en Argentina le servía como fuente de inspiración.  

El hombre joven, se inspiraba en contenidos de los mismos orígenes, que combatían con vehemencia los argumentos de la mujer mayor. Sus publicaciones increpaban la falta de “Tolerancia”, a la vez que acusaban a sus oponentes de olvidar sus tiempos de juventud.

En Facebook, al ritmo de la creatividad de la mujer mayor, se hizo viral el sentir de una población que valoraba la obediencia al grupo y la disciplina colectiva. Se subieron videos muy duros inculpando a los jóvenes de la propagación de la pandemia.

Mientras tanto en TikTok, Snapchat, en Youtube e Instagram, el joven agitaba los valores de generosidad, independencia, autoexpresión, imaginación. Se inundaron las redes con títulos del tipo: no a la estigmatización de los jóvenes; no culpabilizar la juventud; faltan alternativas y comprensión; los jóvenes estamos sufriendo esta pandemia.

Se sumaron otros influencers y los argumentos virales llegaron también a Tweeter y a los grandes medios de comunicación.

Ante la agitada opinión pública que presionaba por el aumento de los contagios diarios, las autoridades se apuraron a poner fecha para decretar el confinamiento obligatorio, con toque de queda, más controles y fuertes multas para los infractores.

Ambos influencers sintieron una gran frustración. Nadie había mejorado sus hábitos, y ambos grupos seguían encontrando motivos para culparse unos a otros. Aún en los hogares, cada día era menor la comunicación entre jóvenes y adultos. Sin darse cuenta, sus divertidos mensajes de intolerancia mutua habían minado el camino del medio; de tanto acercar leña, cada una para su propio fuego, habían fomentado las posiciones extremas.

Asustados de los resultados de sus confrontaciones, acordaron dejar de señalar culpables y publicar en forma conjunta una serie de mensajes. Sus títulos eran:

  • Pandemia: no vas a robarnos la esperanza
  • Cada uno nosotros está preocupado
  • Es tiempo de Dios, es tiempo de Amor
  • Dejemos de buscar chivos expiatorios

Las redes sociales y los medios de comunicación advirtieron el giro en las publicaciones de los antiguos influencers enemigos. Algunos se burlaron de ellos y siguieron tratando de señalar culpables. Sin embargo, ningún mensaje fue tan viral como el que invitaban a abandonar la búsqueda del chivo expiatorio y a descubrir juntos motivos de esperanza.

Las autoridades, al ver que el cambio de actitud de la población comenzó a generar una disminución en el número de contagios, flexibilizaron las medidas, las hicieron más llevaderas y comprendieron que deberían poner foco en dos enemigos comunes de la sociedad global en estos tiempos: la Pandemia y la separación de la sociedad entre buenos y chivos expiatorios.

Pablo Torres