El Duelo en tiempos de Covid-19

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La organización española Escuelas Católicas ha publicado su “Guía para actuar en caso de duelo”, y la ofrece para asistir en el proceso que sigue a la realidad de la muerte que está afectando particularmente en estos tiempos al ámbito personal, familiar y educativo.

Entendemos que no solamente es aplicable a institutos de enseñanza, sino que también brinda valor para las parroquias, asociaciones y comunidades que han perdido a sus referentes y seres queridos.  El material puede ser de ayuda para entender el proceso de duelo, los tipos de duelo y sus etapas; también para encontrar los mensajes más adecuados, así como pautas de intervención pedagógico-pastoral.

El punto de partida es aceptar que “el duelo es el proceso de asimilar e integrar en la propia existencia la pérdida de alguien significativo de mi vida en mi vida. Por lo tanto, el duelo expresa una reacción natural y adaptativa ante la pérdida que obliga a la persona afectada a rehacer su vida desde una perspectiva diferente”.

Según no explica la guía, en toda definición del duelo encontraremos tres elementos:

  • Es un proceso. El duelo se elabora en el tiempo y necesita su tiempo. Y no hay un tiempo exacto para cada duelo ni para cada persona. En ese tiempo hay que asimilar lo ocurrido, dejarse afectar, tomar pequeñas decisiones. Es un tiempo ocupado, no un tiempo que pasa ni que solo transcurre.

Las etapas de esto proceso son:

  • Evitación: “no me lo creo”, “no puede ser”. No se habla de ello.
    • Asimilación: interiorización del duelo, aunque la tristeza no se vaya.
    • Acomodación: el paso desde la desazón personal hacia la reconstrucción y recuperación de hábitos y rutinas saludables.
  • Es normal. El dolor duele. El duelo es una reacción física de personas que aman. Nos duele la pérdida de alguien al que uno ama. El duelo es un indicador del amor y por eso se expresa tristeza, rabia y dolor: porque duele el amor perdido. Y, de modo complementario, el duelo es una reacción adaptativa del organismo ante una situación de pérdida que produce enormes daños interiores. No es extraño que la rabia, la tristeza y la desazón aparezcan en el proceso del duelo; forma parte del mismo proceso.
  • Es personal. Cada duelo es único. Y cada persona hace una experiencia muy particular de la muerte que le afecta; cada niño elaborará su propia experiencia de duelo a su modo. Y cada uno elaborará su repliegue interior y trazará su despliegue y reajuste personal e interpersonal de una forma muy particular.

El trabajo señala algunas de las ideas erróneas que afectan un sano proceso de duelo, tales como considerar que el niño no entiende nada, que no hay que hablar del tema, que es mejor ocultar el dolor para evitar el sufrimiento, que el duelo no va a durar más de un año.

La guía marca una serie de tareas:

  • Afrontar la verdad de lo que ha sucedido: quien ha muerto se ha marchado y ya no volverá.
  • Soportar el dolor de la pérdida y no ocultarlo.
  • Adaptarse a la vida sin la persona que ha fallecido: crear un vínculo simbólico con la persona fallecida, para lo que pueden ser útiles objetos queridos.
  • Seguir viviendo a partir de la recolocación de la vida tras la pérdida del ser querido, con la ayuda del mensaje vital que deja la persona fallecida.

A pesar de estas acciones positivas que pueden implementarse, la guía nos alerta que hay conductas que hemos de esperar tales como ansiedad, irritabilidad, angustia y momentos de mucha tristeza. También pueden aflorar sentimientos de culpa, dolores físicos en el pecho o un nudo en la garganta, descenso de atención en clase, cambios de rendimiento académico o expresión de comportamientos no habituales.

Es posible hacer una lectura creyente del proceso del duelo, reconociendo la importancia de que los niños y adolescentes tomen conciencia de que el sufrimiento forma parte de la vida, aunque culturalmente esté censurado. Desde esta visión, atravesar el sufrimiento nos conduce al agradecimiento por la persona que ha fallecido y nos abre a la esperanza de la vida plena en Dios.

El material al que se puede acceder al final de este artículo, pone su foco en el proceso del duelo en términos de aprendizaje, partiendo de una experiencia dolorosa, hostil y agresiva. Una situación no aceptada pero real, que, seguida por el duelo, puede abrirse a aprendizajes enormemente valiosos, que nos permitan crecer como personas, como creyentes y como comunidad.