Cabildo de Montevideo: ataque simplista a nuestras raíces históricas  

El columnista Max Fisher publicó a comienzos del año 2022 en el New York Times un artículo titulado: “En la carrera hacia el futuro, la historia sufre un nuevo asedio”.

En el mismo analiza cómo una ola de revisionismo engañoso se ha convertido en una epidemia tanto en las autocracias como en las democracias. Una ola que ha sido utilizada por los distintos lados del espectro ideológico y que, según sus palabras: “ha sido notablemente efectiva… y contagiosa.”

Si bien hay otros aspectos de las publicaciones de Fischer que podemos considerar parcializados, la mayoría de nosotros coincidiría con lo siguiente:

“La historia se reescribe todo el tiempo, ya sea por los académicos que actualizan sus supuestos, los activistas que reformulan el registro o los políticos que manipulan la memoria colectiva para sus propios fines.

Pero una oleada de revisiones históricas falsas o engañosas de manera flagrante, tanto por parte de gobiernos democráticos como autoritarios, puede estar amenazando el ya debilitado sentido de un relato compartido y aceptado sobre el mundo.

Los académicos creen que esta tendencia refleja algunas de las fuerzas que definen el siglo. Sociedades polarizadas y receptivas a las falsedades que afirman la identidad. El colapso de la fe en las instituciones centrales o en los árbitros de la verdad. El auge del nacionalismo. Tiranos cada vez más astutos. Líderes elegidos que giran cada vez más hacia el antiliberalismo.

Como resultado, “deberíamos ser más propensos a ver el tipo de revisionismo histórico” impulsado por estos líderes, señaló Erica Frantz, politóloga de la Universidad Estatal de Michigan.

En algunos lugares, los objetivos son ambiciosos: rediseñar una sociedad, empezando por su comprensión más básica de su patrimonio colectivo. Para subrayar la importancia de este proceso, el líder de China, Xi Jinping, repite la frase de un erudito confuciano del siglo XIX: “Para destruir un país, primero hay que erradicar su historia”.

Uruguay no es ajeno a este fenómeno del revisionismo histórico engañoso y descontextualizado. El Cabildo de Montevideo, un monumento histórico que debería contribuir a la construcción de la identidad cultural nacional, exhibe ante los miles de niños y adultos que lo visita el siguiente texto:

“Analizar la  historia en el siglo XXI, implica una reflexión crítica en torno de la colonialidad y el dominio como bases constitutivas de la civilización occidental. La iglesia y el poder monárquico controlaban el saber, destituyendo todas las cultura y saberes existentes en nuestro continente a la llegada de los conquistadores. La colonialidad plantea asimismo el problema del eurocentrismo como una de las formas de racismo, pues el blanco aparecía como sinómino de producción de saberes valiosos, entanto indígenas, mestizos y afros se asociaban a lo deficitario, lo salvaje, lo bárbaro.

La primera centena de colonos arribó a Montevideo en 1724: por medio de una Real Cédula le otorgó entre otros privilegios a este núcleo de pobladores, integrados por soldados, labriegos y artesanos, el título de “hijosdalgo de solar conocido”. La primera generación del patriciado oriental, se conformó posteriormente por sacerdotes, abogados y hombres de armas. El poder se asoció además de al “saber”, a las fortunas generadas por la producción pecuaria y el comercio, incluido el tráfico de esclavos.

El amplio abanico de inequidades, incluía las vinculadas al género, a la posibilidad de acceso a la educación y a cargos públicos, o a la aplicación de penas y castigos. A comienzos de 1800, en el Montevideo del Gobernador Bustamante y Guerra, la ruptura de un farol del alumbrado se castigaba “con prisión y reposición si el responsable era español o bien con cien azotes en la plaza pública si era negro o indio”

Durante la primera mitad del siglo XIX, se desarrollaron en el territorio oriental y especialmente en Montevideo, cambios políticos drásticos, sin que llegaran a modificarse las bases socioeconómicas; las asimetrías coloniales se extendieron más allá de los límites cronológicos establecidos.”

La exposición, lejos de ofrecer análisis y reflexión crítica, mira fuera de contexto la realidad que se vivió dentro de las paredes de ese Monumento Histórico. Se suma al intento de reescribir la historia con una visión engañosa, efectista y desde los lugares comunes de nuestro tiempo. Utiliza un escenario relevante para la construcción de la identidad nacional, para atacar en forma injusta y simplista las raíces de nuestra historia, incluyendo a: la Iglesia Católica, los primeros pobladores de Montevideo, sus Instituciones y quienes lo habitaron en la primera mitad del siglo XIX. 

https://cabildo.montevideo.gub.uy/exposiciones/asimetrias-coloniales